11 septiembre 2009

CAMBIO DE PARADIGMA



Reflexión de Marc Halévy sobre los cuatro pilares del paradigma de la modernidad y los tiempos que vienen. Marzo de 2008.


El paradigma de la modernidad se basa en cuatro pilares complementarios.


Económicamente: el mercantilismo.
Políticamente: el igualitarismo.
Intelectualmente: la mecánica.
Espiritualmente: el monoteísmo.


• El mercantilismo: economía de masa, materialista, industrial y especulativa, o
cosificación y mercantilización generalizadas.
• El igualitarismo: fundamentación utópica de la democracia que se niega a considerar las diferencias y cree en la inteligencia de las masas.
• La visión mecanicista: basada en la metodología cartesiana y la cosmología newtoniana, y articulada como un montaje de ladrillos de construcción.
• El monoteísmo: una forma de dualismo ontológico entre Dios como creador, único y bueno, externo al mundo, y un mundo material subordinado a los poderes del mal.

El paradigma que viene, se construirá sobre cuatro pilares.


Económicamente: el noetismo.
Políticamente: el comunitarismo.
Intelectualmente: el holismo.
Espiritualmente: el monismo.


• Noetismo: economía del conocimiento para el desempeño y la calidad ambiental de los humanos en una ética de frugalidad y sencillez.
• Comunitarismo: transformación del mundo humano en un macro-micro-mosaico de comunidades autónomas de pertenencia libre y nómade.
• Holismo: visión orgánica del mundo como un vasto cosmos de vida integrada, y evolutiva, donde todo está en todo y el todo se halla interconectado.
• El monismo: fe en la unidad absoluta e irreductible de lo real percibido como indferenciable en un espíritu de no-dualidad radical.


30 julio 2009

La revolución de la comida lenta



Miren Gutiérrez entrevista a PAOLO DI CROCE, de Slow Food International - IPS/IFEJ

“El día que decidamos comer alimentos frescos, cultivados cerca de nosotros, y menos carne, tendremos una revolución”, sostiene Paolo di Croce, secretario general de Slow Food International.

BELLAGIO, Italia, 27 jul (Tierramérica).- La idea de "slow food", comida lenta, está en las antípodas de aquella que postula la comida rápida o "fast food". Hoy, además, es el nombre de un movimiento de más de 100.000 personas en 132 países. Pero, ¿qué significa en la práctica? La pregunta fue formulada en una entrevista exclusiva al secretario general del movimiento Slow Food International, el italiano Paolo di Croce, promotor de una alimentación "buena, limpia y justa".

IPS/IFEJ: El movimiento Slow Food se presenta como defensor de la biodiversidad. Pero, ¿qué tienen que ver la buena cocina, la tradición y la cultura culinarias con los arrecifes de coral y los bosques tropicales?

PAOLO DI CROCE: Un asunto clave para una buena alimentación es la promoción de lo diverso. La globalización, la desaparición de especies y la estandarización de los mercados tienden a reducir la diversidad. Todas las manzanas que comemos pertenecen a apenas cuatro de las cientos de variedades de manzanas que existen. Preservar la variedad de los alimentos es fundamental para el ambiente, la historia y la cultura. Slow Food tiene muchos programas para luchar contra la extinción de especies. Por ejemplo, hay uno en la selva amazónica para proteger a la Bertholletia excelsa, una nuez que crece en árboles de 40 metros de altura en comunidades indígenas. Intentamos crear mercados para esa nuez, y así preservar su existencia. Además, la pérdida de biodiversidad nos afecta personalmente. Si continuamos comiendo atún al ritmo actual, en pocos años no habrá más atún. La comida está esencialmente unida a la diversidad agrícola. Los lobos y los osos polares no son nuestra prioridad, pero tenemos socios preocupados por ellos pues el fin último es preservar nuestra identidad cultural y nuestro ambiente, incluyendo la vida silvestre. De hecho, tenemos programas sobre música y vestimentas tradicionales, lenguas indígenas...

IPS/IFEJ: En la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos, celebrada este mes en la ciudad italiana de L’Aquila, se habló de “movilizar 20.000 millones de dólares en tres años” para combatir la crisis alimentaria. Se dijo que ese dinero para la crisis podría usarse para promover la agricultura, a diferencia de la ayuda tradicional. ¿Cómo ve ese anuncio?

PDC: En L’Aquila debatieron sobre biodiversidad y comprometieron más dinero para la agricultura. Es positivo. No sólo los países del G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia), sino todos se dan cuenta del enorme riesgo de no hacer nada para resolver la crisis alimentaria. Pero hay que ver si esa inversión es buena, limpia y justa. Tenemos la oportunidad de influir en el uso de ese dinero. El sistema vigente fracasó. Basta con ver la cantidad de personas que padecen hambre, la crisis financiera, la crisis de la salud en los países ricos: obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares... La industria alimentaria creada por este sistema tiene que cambiar. Todos tenemos derecho a alimentos buenos, limpios y justos. También es erróneo responder a la crisis alimentaria con “dinero para la crisis”. Porque este problema es resultado de décadas. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y otras agencias señalan que cada vez más gente sufre hambre y desnutrición. Tenemos que cambiar el modelo responsable, no tapar los agujeros con dinero para la crisis.

IPS/IFEJ: En la cumbre, Oxfam Internacional presentó el informe “Evidencia que duele: El cambio climático, la gente y la pobreza”, que expone cómo los inestables ciclos de las estaciones complican la planificación de siembras y cosechas. Por tanto, millones de personas soportarán escasez de alimentos y deberán abandonar cultivos tradicionales, lo que posiblemente derive en migraciones masivas. ¿Qué piensa al respecto?
PDC: El cambio climático tiene un enorme impacto en la agricultura y en la gente. Poblaciones enteras tendrán que abandonar sus territorios. Con el aumento de las temperaturas en Suecia y Noruega, comunidades del pueblo sami se han desplazado siguiendo a los renos, que son su sustento. Los renos están abandonando su hábitat rumbo al norte, y los samis hacen lo mismo. Los cultivos tradicionales pueden ser una herramienta. En México tenemos un proyecto para promover el amaranto (Amaranthus spp.), cuyo cultivo se abandonó cuando llegaron los conquistadores españoles. Su valor nutricional es importante y puede crecer en áreas secas. Estamos intentando replantarlo como alternativa al maíz, que depende mucho del agua.

IPS/IFEJ: Slow Food afirma que podemos ser coproductores, no sólo consumidores, informándonos sobre cómo se elaboran los alimentos y apoyando a quienes lo hacen. Pero producir y consumir comida buena, limpia y justa es mucho más caro. Alguien ha dicho que con 99 centavos de dólar se puede comprar una hamburguesa con queso, pero no alcanza para un brócoli. Su movimiento ha sido calificado de elitista...
PDC: Hay que analizar dos temas. Uno es el porcentaje de nuestros ingresos que dedicamos a los alimentos. Una encuesta estadounidense muestra que en los años 70 las familias gastaban alrededor de seis por ciento de sus ingresos en atención a la salud y alrededor de siete por ciento en comida. Al hacer la misma encuesta hace poco, descubrieron que ahora las familias gastan 15 por ciento y 10 por ciento respectivamente. El gasto en alimentos no aumentó mucho, pero el de la salud creció más del doble. Probablemente hay una correlación. Hay que considerar todos los excesos de costos originados en una dieta deficiente, el dinero que la gente gasta en nutricionistas y médicos. Me parece que 10 por ciento de los ingresos de los hogares no es suficiente, si se lo compara con gastos como los teléfonos celulares. Lo otro es el precio real de los alimentos. Hay muchos costos externos asociados a la comida rápida. Además de la atención de salud, está el costo ambiental de la industria alimentaria, que pagamos con impuestos para reparar los daños que ella causa o para financiar subsidios, y que la próxima generación continuará pagando. Los alimentos baratos son posibles por los subsidios y siempre y cuando la sociedad pague la factura ambiental. En 2008, uno de los productos con ventas en aumento en Italia fue la ensalada prelavada. En comparación con la ensalada que usted elabora comprando las verduras en el mercado de su barrio, la prelavada es ocho veces más cara. Y es menos sustentable porque viene envasada en una bolsa plástica. Una porción de 100 gramos de papas fritas tipo "chip" cuesta nueve veces más que comprar las papas crudas y freírlas en aceite de oliva extra virgen. Y nadie puede decir que las papas fritas son elitistas. Finalmente, está el desperdicio. En Italia tiramos unos 22 kilogramos de comida por segundo. Si sumamos lo que gastamos sin darnos cuenta, los costos de salud y ambiente y lo que desperdiciamos, el costo es insostenible. En cambio, usted puede tener comida buena, limpia y justa sin pagar demasiado.

IPS/IFEJ: Convengamos que no es precisamente un mensaje masivo. ¿No se siente frustrado?
PDC: En los últimos cinco años he visto muchos cambios. Donde quiera que vaya, hay más interés. Y no me refiero al Banco Mundial, sino a gente común, esa que cambia el mundo, los "coproductores".
El día que decidamos comer alimentos frescos cultivados cerca de nosotros, y menos carne, con esas simples decisiones cotidianas tendremos una revolución. Pero tiene que hacerse masiva. Es fundamental trabajar con otras organizaciones, cualquiera que crea posible comer de otra manera. Y un día podremos cambiar el sistema.

18 junio 2009

La ciudad que terminó con el hambre



Hace más de 10 años, la cuarta ciudad más grande de Brasil, Belo Horizonte, declaró que la alimentación es un derecho de la ciudadanía y comenzó a trabajar para que la comida esté al alcance de todos. Uno de sus programas pone los productos agrícolas locales en las comidas escolares. Este y otros proyectos le cuestan a la ciudad menos del 2 por ciento de su presupuesto. Arriba, jugo de maracuyá fresca y ensalada como parte de un almuerzo escolar.
Foto por Leah Rimkus


Escribe Frances Moore Lappé

Photo of Frances Moore Lappe




Una ciudad de Brasil reclutó agricultores locales para ayudar a hacer algo que las ciudades de EE.UU. todavía tienen que hacer: acabar con el hambre.

“Buscar soluciones al hambre significa actuar bajo el principio de que el estatus de ciudadano supera a la de mero consumidor.”
CIUDAD DE BELO HORIZONTE, BRASIL


Al escribir Dieta Para un Planeta Pequeño, aprendí una simple verdad: la causa del hambre no es la escasez de alimentos, sino la escasez de democracia. Pero aquel entendimiento fue sólo el comienzo, luego tuve que preguntar: ¿Cómo sería una democracia que permita a los ciudadanos tener una voz real en la obtención de elementos esenciales para la vida? ¿Existe en alguna parte? ¿Es posible o es un sueño inalcanzable? Con el hambre en aumento aquí en los Estados Unidos (uno de cada diez de nosotros recurre a los cupones de alimentos) estas preguntas adquieren mayor urgencia.

Para empezar a concebir la posibilidad de una cultura de ciudadanos habilitados haciendo que la democracia funcione para ellos, las historias de la vida real ayudan—no modelos para adoptar por entero, pero sí ejemplos que reflejen las principales lecciones. Para mí, la historia de la cuarta ciudad más grande de Brasil, Belo Horizonte, es un rico tesoro de este tipo de lecciones. Belo, una ciudad de 2,5 millones de personas, tuvo alguna vez un 11 por ciento de su población viviendo en la pobreza absoluta, y casi el 20 por ciento de sus niños pasaban hambre. Luego, en 1993, una administración recién elegida declaró a la alimentación como un derecho de la ciudadanía. En efecto, los funcionarios dijeron: si eres demasiado pobre para comprar alimentos en el mercado—no por eso eres menos ciudadano. Todavía tengo que responder por ti.

El nuevo alcalde, Patrus Ananias—ahora líder de la lucha federal contra el hambre—comenzó creando una agencia municipal, que incluía un consejo ciudadano de 20 miembros: representantes sindicales, de negocios y de la iglesia, para asesorar en el diseño y aplicación de un nuevo sistema alimentario. La ciudad ya involucraba a ciudadanos comunes directamente en la asignación de los recursos municipales—el "presupuesto participativo" que comenzó en la década de 1970 y que desde entonces se ha propagado en todo el país. Durante los seis primeros años de la nueva política alimentaria de Belo de considerar a la alimentación como un derecho, tal vez en respuesta a los nuevos énfasis en la seguridad alimentaria, el número de ciudadanos involucrados en el proceso presupuestario participativo se duplicó a más de 31.000.



La ciudad de Belo Horizonte coloca puestos de productos de granja (denominados “Directo desde el campo”) en las áreas más frecuentadas del centro. Foto por Leah Rimkus

La agencia municipal desarrolló docenas de innovaciones para asegurar a todos su derecho a alimentarse, especialmente al reunir los intereses de granjeros y consumidores. Ofreció a las familias de granjeros locales docenas de lugares selectos del espacio público en el cual venderle a los consumidores urbanos, redistribuyendo esencialmente los márgenes de ganancia desde los minoristas—que a menudo alcanzaban el 100 por ciento—hacia consumidores y granjeros. Las ganancias de los granjeros crecieron, al no haber ningún proveedor mayorista llevándose una tajada. Y la gente pobre logró acceso a alimentos sanos y frescos.

Cuando mi hija Anna y yo visitamos Belo Horizonte para escribir Al filo de la esperanza nos acercamos a uno de estos puestos. Una granjera con un alegre delantal verde, estampado con la frase “Directo desde el campo”, nos sonrió mientras nos contaba, “ahora soy capaz de mantener a mis tres hijos con apenas hectárea y media. Desde que tengo este contrato con la ciudad, he sido capaz de comprarme un camión.”

Las mejores perspectivas de estos granjeros de Belo fueron notables considerando que mientras estos programas se hallaban en vías de ejecución, los granjeros del país en su conjunto vieron reducirse sus ingresos en casi la mitad.

Además de los puestos dirigidos por granjeros, la ciudad hace que se encuentre disponible buena comida al ofrecer a emprendedores la oportunidad de licitar el derecho de utilizar parcelas municipales muy transitadas para establecer mercados “ABC” (del acrónimo portugués para “comida a bajos precios”). Hoy en día hay 34 de estos mercados en donde la ciudad determina un precio fijo—de alrededor de dos terceras partes del precio de mercado—para cerca de veinte artículos saludables, la mayoría provistos por granjas de la misma provincia y seleccionados por los dueños de la tienda. Cualquier otro artículo pueden venderlo al precio de mercado.


Los mercados de productos a granel ABC almacenan los artículos que la ciudad determina que deben ser vendidos a un precio fijo, cerca de 26 centavos por kilo. Foto por Leah Rimkus

“Para los vendedores de los mercados ABC con los mejores sitios, hay otra obligación ligada al permiso de utilización del terreno municipal,” nos explicó Adriana Aranha, que trabajó para esta agencia municipal. “Cada fin de semana tienen que manejar camiones repletos de productos hasta los barrios pobres fuera del centro de la ciudad, para que todo el mundo pueda conseguir buenos productos”.

Otro resultado del paradigma “comida como un derecho” son tres Restaurantes Populares, grandes y aireados, más algunos locales más pequeños, que sirven diariamente a 12.000 personas o más, usando en su mayor parte comida cultivada localmente, por el equivalente a menos de 50 centavos por comida. Cuando Anna y yo comimos en uno, vimos a cientos de comensales—abuelos y recién nacidos, jóvenes parejas, grupos de hombres, madres con niños pequeños. Algunos vestían ropas de calle, otros en uniforme, otros en trajes de negocios.

“He estado viniendo aquí cada día por cinco años y he ganado seis kilos,” nos contó un enérgico anciano vestido con unos kakis desteñidos.

“Es tonto pagar más en otro lado por comida de menor calidad,” nos dijo un joven de apariencia atlética que llevaba uniforme de policía militar. “He estado comiendo aquí cada día por dos años. Es una buena forma de ahorrar dinero para comprarme una casa y así poder casarme,” dijo con una sonrisa.


La cola de espera para uno de los tres “Restaurantes Populares” media hora antes de abrir. Las comidas cuestan cerca de 50 centavos; los comensales provienen de todos los grupos económicos. Foto por Leah Rimkus

Nadie necesita probar que es pobre para comer en un Restaurante Popular, aunque cerca del 85 por ciento lo es. La variada clientela elimina el estigma y permite la “comida con dignidad,” dicen sus colaboradores.

Las iniciativas de seguridad alimentaria de Belo también incluyen extensas huertas comunitarias y escolares, como también clases de nutrición. Además, el dinero del gobierno federal asignado a los almuerzos escolares, que alguna vez se gastaba en comida corporativa procesada, ahora compra alimentos integrales de productores locales en su mayor parte.

“Estamos luchando contra el concepto de que el estado es un administrador terrible e incompetente,” explicó Adriana. “Estamos demostrando que el estado no tiene por qué proveer nada, sino que puede facilitar. Puede generar canales para que la gente pueda encontrar sus propias soluciones”.

Por ejemplo, la ciudad, en sociedad con una universidad local, está trabajando para “mantener honesto al mercado simplemente proveyendo información,” nos contó Adriana. Ellos inspeccionan el precio de 45 alimentos básicos y artículos de hogar en docenas de supermercados, y luego publican los resultados en paradas de autobuses, en Internet, por radio y televisión, y en los periódicos, para que la gente sepa dónde están los mejores precios.

El nuevo enfoque en la alimentación como un derecho también llevó a los luchadores contra el hambre de Belo a buscar soluciones innovadoras. En uno de estos experimentos exitosos, se utilizaron cáscaras de huevos, hojas de yuca, y otros materiales normalmente desechados para crear una harina especial utilizada en el pan diario de los niños de las escuelas. Este alimento enriquecido también se utiliza en las guarderías infantiles, para que los niños reciban tres comidas al día, cortesía de la ciudad.


“Sabía que había mucha hambre en el mundo. Pero lo que es tan perturbador, lo que no sabía cuando empecé esto, es que es tan fácil. Es tan fácil terminar con el hambre.”

¿El resultado de ésta y otras innovaciones relacionadas?

En tan solo una década Belo Horizonte disminuyó su tasa de muerte infantil—utilizada ampliamente como evidencia del hambre—en más de la mitad, y hoy en día estas iniciativas benefician a casi el 40 por ciento de la población de la ciudad, de 2,5 millones de habitantes. En un semestre de 1999 se disminuyó la malnutrición infantil de un grupo de muestra en un 50 por ciento. Y entre 1993 y 2002 Belo Horizonte fue la única localidad en la cual aumentó el consumo de frutas y vegetales.

¿Los costos de estos esfuerzos?

Cerca de 10 millones anuales, o menos del 2 por ciento del presupuesto de la ciudad. Esto es aproximadamente un centavo diario por cada residente de Belo.

Más allá de este cambio dramático que salva vidas, se encuentra lo que Adriana denomina una “nueva mentalidad social”—la comprensión de que “todos en nuestra ciudad se benefician si todos tenemos acceso a buena comida, así que—como la salud y la educación—la comida de calidad para todos es un bien público”.

La experiencia de Belo demuestra que el derecho a la comida no necesariamente significa más donaciones públicas (aunque por supuesto que así es en las emergencias). Puede significar redefinir la palabra “libre” de “libre mercado” como la libertad de todos para participar. Puede significar, como en Belo, construir coaliciones entre el gobierno y los ciudadanos, que estén dirigidas por valores de inclusión y respeto mutuo.

Y al imaginar a la comida como un derecho del ciudadano, por favor toma nota: ¡no se requiere ningún cambio en la naturaleza humana! Durante la mayor parte de la evolución humana—a excepción de los últimos miles de un periodo de casi 200.000 años—el Homo Sapiens vivió en sociedades donde compartir la comida era la norma. Michael Gurven, una autoridad en sociedades cazadoras-recolectoras, escribe que los humanos somos únicos al compartir la comida, “especialmente entre individuos no emparentados”. A excepción de épocas de privación extrema, cuando sólo algunos comen, todos comen.

Antes de abandonar Belo, Anna y yo tuvimos tiempo para reflexionar un poco con Adriana. Nos preguntamos si ella se había dado cuenta que su ciudad podría ser una de las pocas en el mundo que siguieran este enfoque—la alimentación como un derecho básico por pertenecer a la familia humana. Así que pregunté, “cuando comenzaste, ¿te diste cuenta la importancia de lo que estabas haciendo? ¿La diferencia que podría provocar? ¿Lo poco común que es en el mundo entero?”

Al escuchar su larga respuesta en portugués, incomprensible para mí, traté de ser paciente. Cuando sus ojos se humedecieron, le di un codazo a mi intérprete. Yo quería saber qué la había conmovido.

“Sabía que había mucha hambre en el mundo”, dijo Adriana. “Pero lo que es tan perturbador, lo que no sabía cuando empecé esto, es que es tan fácil. Es tan fácil terminar con el hambre.”

Las palabras de Adriana se quedaron conmigo. Así lo harán para siempre. Tal vez contengan la lección más importante de Belo: que es tan fácil terminar con el hambre si estamos dispuestos a liberarnos de los marcos limitantes y de ver con nuevos ojos—si confiamos en los sentimientos solidarios que forman parte de todos nosotros, y actuamos no como meros votantes o manifestantes, a favor o en contra del gobierno, sino como socios que resuelven problemas junto a un gobierno que responde ante nosotros.


Frances Moore Lappé escribió este artículo como parte de Alimentos Para Todos, la edición de Primavera de 2009 de YES! Magazine. Frances es autora de muchos libros incluyendo Dieta para un planeta pequeño y Comprende, co-fundadora de Food First y el Small Planet Institute, y colaboradora de YES!

La autora da las gracias a Dr. M. Jahi Chappell por sus contribuiciones a éste artículo.






04 marzo 2009

El papel actual y potencial de los medios de comunicación en la gestión del riesgo


Este número del Son de Tambora hace parte de nuestra serie especial de análisis. En esta ocasión, Gustavo Wilches-Chaux ha respondido a la invitación abierta que La Iniciativa de Comunicación formula a su red, a escribir análisis críticos alrededor de la comunicación. Wilches-Chaux, escritor colombiano, especialista en gestión del riesgo, consultor internacional del Proyecto PREDECAN, en fragmentos del capítulo sobre Comunicación e Información del libro que actualmente escribe, reflexiona sobre las contribuciones, positivas y negativas de los medios, a la construcción de una relación más segura y más sostenible entre las comunidades humanas y el territorio del cual forman parte, a la sostenibilidad y a la seguridad territorial.

***

EL PAPEL ACTUAL Y POTENCIAL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN LA GESTIÓN DEL RIESGO

Sin pretender, ni mucho menos, indicarles a los medios de comunicación cómo deben realizar su trabajo, nos atrevemos a proponer algunas reflexiones sobre los aspectos positivos del papel que actualmente cumplen esos medios en el propósito de construir una relación más segura y más sostenible entre las comunidades humanas y el territorio del cual forman parte, así como también sobre las que consideramos sus carencias.

Esperamos, sobre todo, llamar la atención sobre las posibilidades que pensamos que los medios no aprovechan completamente, para contribuir al mencionado propósito de construir sostenibilidad y seguridad territorial. Para estos efectos, entenderemos por sostenible al tipo de relación en la cual ni la dinámica de la naturaleza constituye una amenaza contra las comunidades, ni la dinámica de éstas constituye una amenaza contra los ecosistemas. Y por seguridad territorial entenderemos el conjunto de factores y de interacciones, de los cuales depende que un territorio esté en capacidad de ofrecerles seguridad integral a sus habitantes. Como ejemplos de esos factores podemos identificar una serie de seguridades parciales, tales como la seguridad alimentaria, la seguridad ambiental, la social, la económica y la jurídica e institucional.

En cuanto a los aspectos positivos del cubrimiento que hacen los medios sobre temas relacionados con desastres, resaltamos los que consideramos más importantes:

* A través de las noticias sobre desastres, contribuyen a situar el tema en las mentes (que no siempre en las agendas) de las comunidades y sus líderes.
* Presentan distintos puntos de vista sobre esos desastres, y no exclusivamente los comunicados oficiales.
* A través del periodismo investigativo, realizan y llevan al público, análisis de situaciones relacionadas con desastres. En algunos casos logran que esos temas entren en las agendas de los gobernantes.
* En situaciones de emergencia (o de pre o post emergencia) facilitan que la información procedente de las autoridades o de instituciones científicas, llegue al público que las necesita.
* Recogen y transmiten peticiones y reclamos de las comunidades afectadas por desastres, y facilitan que éstas lleguen a las autoridades y a un público ámplio.
* Contribuyen a la reunificación de familias y comunidades que han quedado dispersas como consecuencia de una emergencia o desastre.
* En general, la diversidad de los medios de comunicación, la incursión de los medios impresos en internet, los desarrollos tecnológicos que permiten llevarle al público los acontecimeintos del mundo en tiempo real, abren un universo de posibilidades para que los medios asuman de manera más activa su papel en la gestión del riesgo.

En cuanto a los aspectos negativos, mencionamos los siguientes:

* Muchas veces las noticias se limitan a presentar los hechos más dramáticos y más evidentes (los más "noticiosos"), pero sin penetrar en el análisis de las causas y los procesos que han conducido a la aparición del desastre.
* A partir de las noticias que ocurren en alguna parte del mundo, casi nunca se generan reflexiones o debates para que las comunidades locales se pregunten en qué medida eso mismo pudiera ocurrir en cada una de ellas, cuál es su vulnerabilidad y cuál es su nivel de preparación social e institucional para enfrentar los efectos de amenazas similares.
* La manera como se suelen presentar las noticias contribuye a consolidar una serie de estereotipos existentes sobre los desastres y quienes los padecen. La falta de análisis sobre procesos y causas, refuerza la idea de que los desastres son sucesos súbitos o inesperados, que dependen de "la furia de la naturaleza" o de "la voluntad de Dios", pero no ayuda a entender que los riesgos y los desastres son construcciones sociales derivadas de la manera como nos relacionamos con nuestro territorio. Así mismo, "las víctimas" de los desastres se presentan como seres desvalidos, que como resultado de la crisis que padecen, supuestamente han perdido hasta la capacidad de pensar y decidir, debido a lo cual dependen de que "la solidaridad" desde el exterior se haga cargo totalmente de su recuperación.
* No existe un seguimiento a las noticias que permita conocer la evolución de los hechos dramáticos que han aparecido en los medios, lo cual impide derivar, a partir de esos hechos, lecciones que otras comunidades –o las mismas- puedan aprovechar para manejar de manera más adecuada los riesgos que las afectan y evitar que éstos se conviertan en nuevos desastres.
* No existe un compromiso claro por parte de los medios y de sus trabajadores, en el sentido de que la información que entregan al público, y la manera como la entregan, debe tener como prioridad fortalecer la autonomía de las comunidades afectadas y su capacidad para retomar lo más pronto posible el protagonismo de la situación y las riendas de su propio destino.

Mahatma Ghandi escribía en una "Carta a un Amigo":

Te voy a dar un talismán.
Siempre que te asalten dudas o cuando el Yo te resulte demasiado pesado, adopta el método siguiente:
Trata de recordar el rostro del hombre más pobre y desvalido que hayas conocido y pregúntate si lo que vas a hacer le puede resultar útil a ese individuo.
¿Podrá sacar de eso algún provecho?
¿Le devolverá cierto control sobre su vida y su destino?
En otras palabras ¿lo que vas a hacer contribuirá al Swaraj o autonomía de los millones de compatriotas que mueren de hambre material y espiritual?
Encontrarás así que tus dudas y tu Yo se disipan.

Las palabras de Gandhi, trasladadas sin modificaciones al campo de la comunicación y la información pública, equivale a que nos preguntemos si el trabajo que realizamos -si la información que pasa a través nuestro y la manera como la transmitimos- contribuye a que las comunidades sometidas a una amenaza de cualquier tipo y origen (natural, socionatural o antrópico) o que las comunidades que ya han sido afectadas por un desastre, ganen mayor control sobre sus vidas y su destino, o si, por el contrario, refuerza la condición de "víctimas impotentes" que se les suele atribuir desde afuera; estereotipo que, además, rige la manera como muchos actores externos se relacionan con esas comunidades y que, en gran medida en virtud de los medios de comunicación, las mismas comunidades acaban por "comprar" y adoptar. En un mundo mediático como el actual, los seres humanos caemos con frecuencia en la trampa de convertirnos en lo que los medios dicen de nosotros, aunque en un principio hayamos sido concientes de las discrepancias entre la imagen impuesta, nuestra visión de nosotros mismos y nuestra realidad.

***

La versión original del texto siguiente fue escrita por Wilches-Chaux en 2005, pero la recuperamos y adaptamos para este Son de Tambora, por considerar que las reflexiones que allí se exponen conservan su vigencia.

CNN Y EL CUBRIMIENTO DE KATRINA

"Brújula, bastón y lámpara para trasegar los caminos de la Educación Ambiental"
Gustavo Wilches-Chaux
Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia (Bogotá, 2007)

Veamos un ejemplo del papel y las posibilidades de los medios frente a la educación. Se trata de la manera como la cadena CNN en sus versiones en inglés y en castellano, cubrió el paso del huracán Katrina por los estados de Louisiana, Mississippi y Alabama, al sur de los Estados Unidos, a finales de Agosto y principios de Septiembre del año 2005. En este caso el objetivo no era generar "materiales" para apoyar a la escuela formal (que es un papel que están asumiendo algunos medios escritos en los últimos años), sino meramente informar.

La manera como día tras día esa cadena fue cubriendo la noticia (especialmente después de la primera semana), le permitió a la audiencia internacional algo que no ha sido común en desastres anteriores: entender las causas de tipo ecológico, económico, político y social que determinaron que un fenómeno de la naturaleza –como un huracán- se convirtiera en desastre. Y comprender los procesos (y los responsables) que subyacen tras esas mismas causas.

La información que llegó al público a través de las noticias "escuetas", pero también de espacios especializados de la misma cadena, permitieron entender a cabalidad de qué manera el deterioro ecológico a que ha estado sometida esa región durante los últimos 100 años, generó las condiciones para que se produjera el desastre, al igual que los problemas subyacentes de conflicto económico, social y racial, las condiciones de ingobernabilidad y la incomunicación entre el gobierno local, el gobierno estatal y el gobierno federal, que contribuyeron a agravar la situación. Es decir, se evidenció que el desastre era, en el fondo, el resultado de la incomunicación entre las dinámicas de los ecosistemas afectados, y la dinámica de un proceso de desarrollo que pareció dejar de lado la certeza de que ese territorio debía se compartido con los huracanes, y por lo tanto había que adecuarse a sus dinámicas. Y así mismo, se evidenció también que, por ejemplo, no existían suficientes canales de comunicación entre los científicos y los técnicos encargados de pronosticar y monitorear los huracanes, y los tomadores de decisiones sobre el desarrollo. Ni entre los primeros y las comunidades que deberían haber sido capaces de reclamar el derecho a estar bien informados y a habitar un territorio seguro frente a las dinámicas hidrometeorológicas.

Es decir, fueron varias decenas de horas de la más clara y efectiva educación ambiental.

Normalmente la manera como los medios de comunicación les presentan los desastres a la opinión pública y a los mismos afectados, refuerzan estereotipos y generan actitudes que en lugar de fortalecer su autonomía y su capacidad de decisión, producen mayor dependencia y mayor confusión.

En el ejemplo que comentamos, la cadena CNN avanzó muy positivamente en términos de superar el amarillismo que normalmente caracteriza a la información sobre este tipo de hechos (incluso en esa misma cadena), y penetró de manera muy interesante en el análisis. Y cuando no, entregó elementos de juicio para realizar ese análisis, lo cual, por ejemplo, no sucedió con el cubrimiento que hizo CNN del desastre que afectó luego a Pakistán y a la India, o del que en esa misma temporada de huracanes afectó a Centroamérica y México. En esos casos volvieron a utilizarse los "guiones prefabricados" para informar sobre cualquier desastre, sin importar sus particularidades.

El periodista Anderson Cooper, corresponsal "estrella" de CNN, relata en su libro "Dispatches from the Edge", que cuando se encontraba en Sri Lanka cubriendo los efectos del tsunami de diciembre de 2004, recibió una llamada de un productor desde Nueva York para pedirle que realizara un reportaje sobre los niños raptados. "¿Qué niños raptados?", le preguntó Cooper. "Dicen que hay una cantidad enorme de huérfanos de la tormenta que están siendo raptados y vendidos como esclavos sexuales", insistió el productor. "¿Quiénes dicen?", preguntó Cooper de nuevo. "Todo el mundo", contestó el productor desde Nueva York. "Se habla de eso en todas partes".

El "guión preestablecido" determina que en todos los desastres debe haber niños raptados, víctimas impotentes que dependen de actores externos no solamente para sobrevivir sino también para pensar y decidir, funcionarios locales ineptos y corruptos, desaparición súbita del tejido social de la comunidad afectada. Y por supuesto aviones Hércules cargando y llevando ayudas materiales y equipos de socorro de los paises que se autodenominan "desarrollados".

Pero nada que permita entender las causas económicas, políticas y sociales del desastre, ni las rupturas de la comunicación entre ecosistemas y comunidades, que impidieron que las segundas pudieran convivir sin traumatismos con las dinámicas de la naturaleza. El típico ejemplo de la maleducación ambiental en que suelen incurrir los medios de comunicación.

A partir de las anteriores reflexiones, analicemos el cubrimiento noticioso que se les ha dado a los últimos desastres que han afectado a diversas regiones del mundo, en particular de América Latina, para preguntarnos:

¿Nos han ayudado los medios de comunicación electrónicos e impresos, a entender los procesos que a lo largo de varias generaciones han creado las condiciones para que ocurran desastres?

¿Han contribuido las instituciones científicas y las autoridades correspondientes, a que los medios de comunicación pueden entender y ayudar a interpretar esos procesos?

La respuesta rotunda a ambas preguntas es NO. Si miramos la manera como –con algunas notables excepciones- los medios informan sobre los desastres, encontramos que, por lo general, se limitan a los aspectos más dramáticos y más puntuales de las emergencias, a través de las cuales se visibilizan los procesos subyacentes, pero que apenas constituyen la punta del iceberg: el sufrimiento de los afectados, los socorristas embarrados, los bomberos sin aire, las expresiones coyunturales de la actividad institucional, etc.

Pero nada o muy poco sobre las causas que día a día, van construyendo los riesgos que se convierten en desastres. Nada sobre el desordenamiento territorial de las actividades humanas, que obliga a la naturaleza a protestar. Nada que permita entender de qué manera remotas o recientes políticas económicas han contribuido a que el territorio pierda la capacidad de ofrecerles a sus habitantes la necesaria seguridad.

En consecuencia, nada que nos permita a los habitantes del país comprender de qué manera, por acción u omisión, contribuimos a generar los desastres o, por el contrario, cómo podríamos participar en la construcción de una mayor sostenibilidad y seguridad territorial.

Es decir, los medios de comunicación y las instituciones científicas están desperdiciando de manera lamentable la posibilidad de llevar a cabo una educación ambiental eficaz, dirigida al conjunto de la sociedad.

Gustavo Wilches-Chaux.
wilcheschaux@etb.net.co

16 febrero 2009

La cumbre de las 'ecociudades'



CARLOS FRESNEDA desde San Francisco

26 de abril de 2008.- Todos los días son el Día de la Tierra, sobre todo para quienes vivimos en las grandes ciudades, que somos ya más de la mitad de los humanos. Atrás quedan los pequeños gestos; por delante tenemos el gran reto de ajustar nuestras vidas al reto cambio climático. Hogar a hogar, calle a calle, barrio a barrio. Porque está claro que la ciudad en la que crecimos ya no nos vale. Hay que ganarle terreno al coche, volar en bicicleta, humanizar las calles. Hay que plantar en los tejados, abonarse al sol y al viento, construir edificios que respiren. Hay que soñar y diseñar las ecociudades.

Expertos de más de 70 países se han dado cita esta semana en San Francisco en la
cumbre EcoCity 2008, con la misión de explorar el arte de lo posible en el paisaje urbano. "La ciudad no es el problema, la ciudad es la solución", proclamó en la apertura el ex alcalde de Curitiba Jaime Lerner. "Tenemos que reinventar el modo en que vivimos, pero tenemos que hacerlo rápido. El cambio climático está ocurriendo, y nosotros somos en gran parte culpables".
Lerner, padre de la acupuntura urbana, es también el protagonista de 'A convenient truth', la película de Maria Terezinha Vaz que es el antídoto optimista a la verdad incómoda de Al Gore. Curitiba es el escenario real de ese "sueño colectivo" en el que las ovejas cortan el césped en los parques, los estanques previenen las inundaciones, los niños participan activamente en el reciclaje y los autobuses paran puntualmente cada quince segundos.

Más de ochenta ciudades en todo el mundo se han inspirado en Curitiba, la ecociudad por excelencia, y San Francisco es una de ellas. Aquí nació en 1992 el movimiento de la masa crítica, con
miles de bicicletas surcando por derecho propio las calles y cuestas de la ciudad. El viernes tuvimos ocasión de pedalear con los pioneros de la dos ruedas y experimentar por el mítico Embarcadero la sensación de libertad.
La
Naturaleza en la Ciudad es otra de las iniciativas punteras de la bahía, donde el Golden Gate tiende a lo lejos un puente imaginario entre la mancha humana y la naturaleza indómita que reclama su espacio. Los eco-rascacielos de Ken Yeang ilustraron hasta qué punto la jungla de asfalto puede convertirse en el bosque urbano.

Del concepto de ecodensidad habló Brent Toderian, director de planeamiento de la idílica Vancouver: "No nos conformamos con ser ya la ciudad más vivible de Norteamérica. Queremos reducir al máximo nuestra huella ecológica, lograr que la gente viva lo más cerca posible del trabajo, dar prioridad absoluta a los paseantes y a los ciclistas sobre los automovilistas".

Las
Ciudades sin Coches y la Ciudad de las Bicicletas son dos visiones hasta hace poco utópicas pero cada vez más cercanas. En la ecoaldea de Ithaca ése sueño ha echado ya raíces, con 160 vecinos viviendo en diálogo permanente con la naturaleza, comiendo de las dos huertas orgánicas y reinterpretando el arte de vivir en comunidad. En el desierto de Arizona, el visionario Paolo Soleri ve crecer a sus 88 años el futuro de Arcosanti.

"Necesitamos una visión, tenemos que imaginar el modo en que queremos vivir", concluyó Ernest Callenbach, el emblemático autor de Ecotopía. "Lo que parecía imposible hace treinta años está ahí, al alcance de nuestras manos. Las ciudades son los hábitats humanos por excelencia. Vamos a mejorarlas entre todos".


Modelos para el Nuevo Milenio / Helena Norberg-Hodge





Helena Norberg-Hodge es directora de la Sociedad Internacional de Ecología y Cultura y codirectora del Foro Internacional sobre Globalización

Los estilos de vida sostenibles en el Norte proporcionan ejemplos "convincentes" para el Sur

Está ampliamente aceptado que para el año 2015, el 90% de la población mundial vivirá en ciudades. Si esta tendencia se mantiene inamovible, el proceso de urbanización en el que está inmerso el Sur se convertirá en el mayor desastre medioambiental y social de este siglo. A pesar de este hecho, el desplazamiento de la población mundial hacia las ciudades no sólo se asume como inevitable, incluso evolutivo para algunos, sino que es promovido activamente, y en ocasiones subvencionado, por tratados impulsados por la globalización económica, como el GATT, NAFTA y Maastricht. Basada en un estrecho y anticuado paradigma económico, que asume el libre comercio como universalmente beneficioso, la economía global ejerce una presión estructural y psicológica sobre el Sur, que promueve el desplazamiento desde el campo hasta macrociudades altamente centralizadas y con un uso intensivo de recursos.

Se ha llegado a decir que el vivir en ciudades suponer utilizar menos recursos, la posibilidad de ganar más dinero y de alcanzar una mejor calidad de vida. Esto es sencillamente falso. Actualmente, la mayoría de la población mundial, principalmente en el Sur, permanece todavía en el campo, pero con gran rapidez está siendo expulsada desde las economías en las cuales todavía tienen acceso a recursos locales, hacia zonas urbanas sin apenas conexión con el entorno natural, en las que aumenta la dependencia de las importaciones y en las que el tejido social se resquebraja.

El movimiento de ecoaldeas proporciona soluciones prácticas y realistas a estos problemas. Creando estilos de vida realmente sostenibles en el Norte, se dan ejemplos convincentes para el Sur. Los os que proporciona este movimiento son diversos, y van más allá de una simple reducción en el uso de recursos naturales: presenta una visión de desarrollo totalmente novedosa, con un planteamiento diferente de la actividad económica, del uso de la energía, de las estructuras y de los valores sociales. Plantea, de hecho, un modo de vida completamente distinto. El movimiento está extendido por todo el planeta y necesita tan sólo de una ayuda financiera relativamente modesta para convertirse en un instrumento efectivo para invertir la crisis causada por los miles de millones de personas que, en el Sur, están siendo forzadas a imitar una cultura consumista no sostenible. Para comprender mejor el significado de las ecoaldeas, las posibilidades que ofrecen, es preciso examinar primero cuáles son las actuales tendencias económicas y el decidido impulso, que ha tomado en relación con dichas tendencias, el proceso de urbanización.

Degradación del entorno en el Sur

Las macrociudades, que florecen actualmente en todas partes, son cualitativamente distintas de lo que conocemos del pasado como ciudades. Están siendo creadas a un ritmo vertiginoso, y con un uso muy intensivo de los recursos. Requieren de vastos sistemas centralizados que son, sin excepción, mucho más dañinos para el medioambiente que las antiguas ciudades o comunidades rurales. Alimentos y agua, materiales de construcción y energía han de ser transportados a grandes distancias, haciendo uso de infraestructuras de gran consumo energético; sus residuos han de ser de nuevo desplazados lejos, en camiones y en grandes barcos, o incinerados, con gran coste para el medioambiente. En sus idénticas torres de cristal y acero, con ventanas que nunca se abren, incluso el aire que respiran ha de ser suministrado por medio de ventiladores, tuberías y energías no renovables. Desde las zonas más acaudaladas de París hasta los suburbios de Calcuta, la población urbana depende del transporte, de la refrigeración y del empaquetado de los alimentos que consumen. Cada libra de alimento consumido es inseparable de un alto consumo de petróleo. En la actualidad, el 50% de todas las emisiones de CO2 proceden del transporte. Si no se tiene en cuenta este hecho, cualquier tentativa encaminada a evitar el cambio climático carece de sentido.

Se piensa a menudo que el proceso de urbanización es necesario debido al gran número de personas que pueblan la Tierra actualmente. Se asume implícitamente que la centralización es, de algún modo, más eficiente, que la población urbana usa menos recursos. Cuando profundizamos en los costes reales de la urbanización en la economía rural, podemos observar cuán lejos de la verdad nos hallamos. Precisamente porque hay demasiadas personas, un o económico como el actual, globalizado, pero que sólo puede alimentar, dar vivienda y ropa a una pequeña minoría de personas, debe ser abandonado. Se hace cada vez más necesario apoyar sistemas de conocimiento y os económicos que estén basados en una comprensión íntima de cada región particular, de su clima y de sus tierras, de su suelo y de sus recursos propios.

La idea de que es posible para el Sur imitar el o occidental de urbanización no es en ningún modo realista. La industrialización del Norte fue lograda abusando, no sólo de sus propios recursos, sino también de muchos de los del Sur. Todavía hoy, una gran parte de los recursos del "tercer mundo" están destinados a mantener la maquinaria de crecimiento del Norte. El Sur no tiene colonias, ni explotación laboral, ni fuentes de materias primas baratas que permitan acceder al nivel de super consumo que el Norte ha establecido como normal para las naciones desarrolladas. Al perseguir una meta inalcanzable, los países del Sur están dirigiendo sus economías hacia un mayor endeudamiento, explotando los recursos a un nivel insostenible, empobreciendo a sus ciudadanos y abandonando su herencia cultural.

A pesar de la absoluta imposibilidad de que el Sur pueda alcanzar un estilo de vida de alto consumo, se piensa a menudo que dejar al Sur fuera del proceso de urbanización es como si se le dejara en una situación de atraso. Cuando, en realidad, es el estilo de vida del Norte el que es insostenible, el que roba al Sur y por tanto el que "mantiene a la gente atrasada". En lugar de que el Sur imite nuestras prácticas, hemos de ser nosotros los que hemos de aprender del Sur.

Desastre social

Las devastadoras consecuencias del proceso de urbanización no son sólo medioambientales, sino también sociales. La urbanización crea una escasez artificial de puestos de trabajo: de cada 1000 personas que se trasladan a la ciudad en busca de trabajo, normalmente sólo 100 tienen éxito. La competencia cada vez mayor tensa las relaciones sociales, al aumentar la distancia entre los pobres y los ricos. Los suburbios y barrios de chabolas proliferan y la autoestima de la gente cae en picado. En lugar de dirigir sus quejas contra la perversión del sistema económico, se echan la culpa unos a otros. El fundamentalismo, la xenofobia y el o aumentan en todo el mundo como consecuencia directa de estas políticas económicas urbanicistas.

La economía global mina las relaciones y las comunidades también de otras maneras. La economía competitiva obliga a la gente que tiene trabajo a trabajar más horas, reduciendo así el tiempo normalmente dedicado a las relaciones sociales. Además, instituciones y estructuras centralizadas, organizadas a gran escala, reemplazan las formas naturales de relación humana, acabando completamente con ellas. Ya no puede la gente contar de manera espontánea con los demás para apoyarse mutuamente en lo cotidiano. La falta de relación conduce a un menor entendimiento social, con el consiguiente aumento de las tensiones y de una mayor corrupción.

Modelos para el nuevo milenio

A la vista de estas consideraciones, parece claro que el movimiento de ecoaldeas podría jugar un papel esencial para prevenir el desastre ecológico y social. Como alternativa al proceso de urbanización y a la economía globalizada, presenta os que permiten llevar una vida más próxima a la tierra y en una comunidad abierta. En realidad, es el deseo de un creciente número de personas de vivir de una manera social y espiritualmente reconfortante, al mismo tiempo que económicamente sostenible, lo que nos ha de proporcionar los os que necesitamos para el próximo milenio.

No carece de importancia que el movimiento de ecoaldeas haya Surgido en el Norte. Primero, porque es en el Norte donde el consumo es 10 veces mayor que en el Sur. Es el estilo de vida del Norte el que es insostenible, no el del Sur. Y en segundo lugar, porque el hecho de que una forma de vida comunitaria, rural y sostenible represente lo más progresista y avanzado del conjunto de ideas que se dan en el Norte, revela también nuestro deseo de elegir una forma de vida diferente. Sin una acción de este tipo por nuestra parte, nosotros no estaríamos capacitados para dar consejos al Sur. No podemos decir al Sur que no se mueva hacia las ciudades, si nosotros no estamos dispuestos a volver al campo y reestructurar significativamente las ciudades existentes.

Además, en este momento los mensajes y las imágenes más poderosas que se reciben en el Sur, son las de los medios de comunicación y de la publicidad. Todos ellos muestran un medio de vida urbano como único o moderno de civilización y progreso. Esta presión psicológica, que hace que la gente se siente atrasada, casi como reliquias prehistóricas, juega un papel muy importante en la promoción de una cultura urbana y consumista. En una continua lucha contra la severidad económica y contra otros muchos factores, la gente se esfuerza en ser más urbana, en vestir ropas occidentales y conducir coches rápidos. Todos los jóvenes del mundo quieren comprar mercancías importadas, con os estereotipados, representando a menudo tipos rubios y con ojos azules, como los que se promocionan en los medios de comunicación y publicitarios. En todas partes aumentan los signos de rechazo de la identidad propia, que se manifiesta en cosas como querer cambiar el color del pelo o de la piel. En China, las mujeres se operan incluso los ojos para parecer más occidentales.
El movimiento de ecoaldeas puede ayudar a la gente a mantener su autoestima sin abandonar sus formas de vida comunitaria y local, ni sus patrones económicos. De hecho, cuando conocen los aspectos positivos de sus propios os, y no sólo las imágenes distorsionadas que muestran la vida rural como un atraso y la vida urbana como lo más atractivo, muchos habitantes del Sur prefieren mantener sus comunidades tradicionales.

Campaña de información

Por ello, una amplia campaña publicitaria para promover las ecoaldeas es absolutamente necesaria. Puesto que el Sur es ardeado incesantemente con mensajes urbanicistas, necesitamos un programa educativo para corregir estas imágenes parciales e incorrectas. El primer objetivo en esta línea, sería proporcionar a la gente los medios necesarios, que les permitieran elegir informadamente sobre su futuro. Sin desdeñar ninguna forma de comunicación, desde la televisión por satélite hasta los cuentacuentos, hemos de hacer ver al mayor público posible que las tendencias actuales del capital, y del uso intensivo de la energía, son sencillamente insostenibles. Los pasos necesarios para detener la carrera desenfrenada hacia un desarrollo insostenible están al alcance de todo el mundo ya mismo.
Debemos sacar a la luz las subvenciones ocultas al transporte, a las comunicaciones, a las infraestructuras energéticas propias al proceso de globalización y de producción a gran escala. Si una pequeña parte de los fondos que se utilizan para ampliar las infraestructuras globales necesarias para este proceso de megalopolización, fuera usada para apoyar las comunidades rurales existentes en el Norte y en el Sur, se podría llevar a cabo una verdadera actividad económica apoyada en cimientos sostenibles. Un programa que proporcione recursos energéticos renovables y que amplíe y diversifique la producción local de alimentos y manufacturas para necesidades básicas, costaría muchísimo menos que los esquemas tradicionales de desarrollo.

Estrategias para las macrociudades existentes

Si bien es cierto de que el movimiento de ecoaldeas se centra sobre todo en la vida rural, resulta obvio que no podemos ignorar las macrociudades existentes. Llevar a cabo políticas que permitieran a la población de las grandes ciudades tener un mayor contacto práctico con el entorno, constituiría un paso enorme hacia la sostenibilidad. Deberían darse incentivos para que la gente cultive sus propios alimentos, para que compre en los mercados de los agricultores o establezca contactos con agricultores de la zona a través de Comunidades de Apoyo a la Agricultura, para que recicle las baSuras o para que fabrique compost. Todo esto contribuiría a acortar la distancia que existe actualmente entre el productor y el consumidor. La reducción en el transporte de larga distancia favorecería los ciclos locales de producción, consumo y reciclado, lo que ayudaría a reducir la contaminación y el desempleo. El automóvil perdería su excesivo protagonismo actual. Acercando las necesidades al hogar sería posible seccionar partes enteras de las ciudades a los automóviles. En Amsterdam, este proceso ha se ha puesto en marcha, sin dejar por ello de crear carriles para bicicletas. Deberían apoyarse también los movimientos para crear cinturones verdes, como por ejemplo el de la ciudad de México.

De igual importancia que estas consideraciones medioambientales, son los factores sociales. Deberían ponerse en marcha nuevas estructuras de vecindad, de autoorganización y de autogobierno, o rehabilitar las existentes para favorecer en la práctica las posibilidades de relaciones personales. El establecimiento de estructuras y de relaciones de interdependencia, en las que los contactos entre las personas son frecuentes, mitigaría las tensiones existentes en la gente, satisfaciendo a la vez parte de las necesidades humanas de relación y comunidad.

Elección entre futuros

Estamos forzados a hacer una elección consciente y activa entre dos futuros muy distintos. Por una parte, podemos continuar siendo permisivos con el sistema económico actual, prácticamente fuera de control, en el proceso de explosión urbanizadora, con la consiguiente degradación ambiental y la proliferación de suburbios y barrios de chabolas. Ahora bien, no parece que nadie prefiera estos montones de inmundicia humana, ruidosos y apestosos, sin apenas sistemas de depuración de aguas residuales, en los que el agua es escasa, las moscas abundan y el aire se hace denso con el humo de los tubos de escape, antes que una forma de vida social y económicamente sostenible. Podemos entonces, alternativamente, apoyar masivamente el movimiento en favor de las ecoaldeas, lo que nos permitiría reestablecer el contacto perdido con las gentes y con nuestros lugares, reenlazándonos como hebras interependientes de la trama de la vida.


12 septiembre 2008

Esbozo biográfico de Gustavo Esteva

Esbozo biográfico de Gustavo Esteva escrito por David C. Korten[1] para presentarlo como editor participantes del Foro del Desarrollo Centrado en la Gente que Korten presidía.

Gustavo Esteva trabaja tanto en forma independiente como en el seno de una variedad de organizaciones y comunidades mexicanas. Ha sido una figura clave en la fundación de diversas ONGs y redes mexicanas, latinoamericanas e internacionales, incluyendo Espacios de Innovación Tecnológica (que vincula e impulsa la interacción entre grupos y comunidades) y Autonomía, Descentralismo y Gestión (un agrupamiento de doce ONGs que apoyan a varios centenares de grupos de base). Prefiere llamar “hamacas” a esas organizaciones, más que redes o coaliciones, porque tratan de acomodarse a la forma de las iniciativas de sus miembros, en vez de imponerles requisitos de colaboración.

Aunque no es economista por entrenamiento, Gustavo recibió el Premio Nacional de Economía Política de México por sus contribuciones a la teoría de la inflación, y aunque no es sociólogo fue Presidente del Quinto Congreso Mundial de Sociología Rural. También fue Presidente de la Sociedad Mexicana de Planificación, que incluyó entre sus miembros a dos presidentes de la República y a varios líderes de la oposición, y fue Miembro y Presidente Interino del Consejo del Instituto de Naciones Unidas para la Investigación del Desarrollo Social.

Al principio de su carrera, Gustavo ocupó posiciones importantes tanto en empresas privadas como en el gobierno y parecía destinado a una carrera distinguida en el establecimiento. Sin embargo, llegó a la conclusión de que la solución a los problemas de la gente sólo puede provenir de ella misma y se puso a su servicio.

Gustavo es un conocido escritor, que ha publicado una docena de libros y más de 500 ensayos, en diversos países y lenguas. Edita el suplemento dominical de El Nacional y es columnista en otros periódicos mexicanos. Gustavo tiene especial interés en ampliar la conciencia pública sobre el impacto de las políticas públicas en la vida de los pobres. Trata de hacer accesible a una audiencia más amplia de intelectuales y líderes de opinión los puntos de vista y perspectivas de los pobres con los que está asociado.

Gustavo es una voz activa del segmento “desprofesionalizado” de la comunidad intelectual del sur. Rechaza tanto la terminología como las construcciones del desarrollo en todas sus formas, por considerarlos inherentemente destructivos de los procesos humanos a través de los cuales la gente común se empeña en recrear comunidad como una expresión creativa de su cultura y aspiraciones. Gustavo argumenta que aún las prescripciones del desarrollo “alternativo” conducen inexorablemente a privar a la gente del control de sus propias vidas y desplazan el control a los burócratas, los tecnócratas y los educadores. En vez de suponer que el progreso humano encaja en un molde predeterminado que conduce a la creciente homogeneización de culturas y estilos de vida, prefiere un “pluralismo radical” que honra y nutre la diversidad cultural distintiva y habilita muchos caminos para la realización de aspiraciones autodefinidas.


Gustavo Esteva wouldn't talk about himself in the words of this introduction prepared at the beggining of the 90s, yet in them you can find a loving and respectful description of his activity which he can appreciate. Since then, he has considerably increased the amount published under his name and has increased as well as deepened his activism among communities and organizations. In 1996 he was an adviser of the EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) in their negociations with the government and since then has participated in one way or another in "Zapatismo". Since 1989, he has been living in a small indigenous village in Oaxaca, in the south of Mexico, dedicating a signifacnt part of his time to the Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales and the Universidad de la Tierra en Oaxaca, organizations he helped found.

Gustavo Esteva no hablaría de sí mismo en los términos de estas notas preparadas a principios de los años 90, pero en ellas se encuentra una descripción cariñosa y respetuosa de su actividad que él puede apreciar. En estos años ha aumentado considerablemente el número de sus publicaciones y se ha ampliado y profundizado su activismo en comunidades y organizaciones. En 1996 fue asesor del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en sus negociaciones con el gobierno y desde entonces participa de una u otra manera en el zapatismo. Desde 1989 vive en un pequeño pueblo indio en Oaxaca, en el sur de México, y dedica una parte significativa de su actividad al Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales y la Universidad de la Tierra en Oaxaca, organizaciones que contribuyó a fundar.


[1] David C. Korten es un conocido escritor y activista internacional. Entre sus obras destacan When Corporation Rule the World y The Postcorporate World: There is Life After Capitalism.


NUESTRO LEGADO / Gustavo Esteva

El lunes por la mañana, en Bremen, Alemania, murió el pensador central de mi generación. No exagero al afirmar que fue uno de los dos o tres pensadores más importantes del siglo XX.

Hasta hace poco tiempo, cuando la altitud le hizo imposible seguirlo haciendo, venía
regularmente al único lugar en el planeta que este peregrino or vocación podía considerar su
casa. Estaba en Ocotepec, Morelos, no muy lejos del lugar en que estableció el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), en donde concibió sus principales ideas al lado de una impresionante constelación de pensadores, que ahí venían a visitarlo o consultarlo. Aunque pocos mexicanos se dieran cuenta de ello, estuvo aquí, entre nosotros, por más tiempo que en cualquier otra parte, a lo largo de casi toda su vida.

No hay biblioteca importante, en el mundo entero, que carezca de sus libros. Pero a menudo están mal clasificados. Se le ubica como el exponente principal de una escuela específica en diversos campos del conocimiento, campos que él hizo explotar, uno tras otro. Lo pretendieron suyo, sucesivamente, diversos gremios profesionales. No cabía en ninguno. Un obituario se antoja imposible. No hay siquiera por dónde empezar.

Hace 30 años sus libros produjeron inmenso escándalo. Sostener, por ejemplo, como hizo en la primera frase de Némesis Médica, que “la medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud”, se consideró en aquel tiempo una denuncia descabellada. No había hecho
sino interpretar a su manera, con su genio peculiar, información conocida desde entonces que hoy se ha vuelto abrumadora. La frase es casi lugar común.

El escándalo oscureció sus tesis centrales, que pocos se animaron a ver. Su crítica radical de todas las instituciones modernas, mostrando que producen lo contrario de lo que pretenden, fue insoportable para quienes derivaban de ellas dignidad e ingresos. Lo sigue siendo hasta hoy.

Nadie ha podido refutar sus planteamientos, pero habitualmente se les deja de lado por considerarlos excesivos y poco prácticos. Frente a su crítica, se insiste en divulgar la ilusión de que todas esas instituciones pueden ser reformadas, a fin de corregir las deficiencias que él reveló con impresionante claridad. Como advirtió oportunamente, las reformas no hacen sino aumentar lo que llamó la contraproductividad de todas esas instituciones.

En la introducción a Alternativas, Erich Fromm describió ejemplarmente su actitud. “Por radicalismo -escribió- no me refiero principalmente a un cierto conjunto de ideas, sino más bien a una actitud, a una ‘manera de ver’, por así decir... Todo debe ser objeto de duda, particularmente los conceptos ideológicos que son virtualmente compartidos por todos y que como consecuencia han asumido el papel de axiomas indudables de sentido común... Dudar radicalmente...es
comenzar a darnos cuenta que el Emperador está desnudo y su espléndido atuendo no es sino el producto de nuestra fantasía... La importancia de su pensamiento...reside en el hecho de que tiene un efecto liberador sobre la mente, porque muestra posibilidades totalmente nuevas; vitaliza al lector porque abre la puerta que conduce fuera de la cárcel de las ideas hechas rutina, estériles, preconcebidas. A través del impacto creador que comunican, sus escritos pueden ayudar a estimular la energía y la esperanza para un nuevo comienzo”.

Hace un par de meses iniciamos en Oaxaca un seminario permanente basado en sus ideas. Queríamos explorar en qué medida sus escritos articulaban de manera lúcida y creadora lo que actualmente están haciendo millones de descontentos con las instituciones que él sometió a crítica radical.

Nos asombramos, al iniciar el ejercicio, de su capacidad profética. Profeta no es un adivino, alguien con bola de cristal, sino quien percibe con lucidez el presente y observa en él tendencias que anticipan el futuro. Hace 30 años dio por sentadas ciertas evoluciones tecnológicas que hoy son comunes y entonces ni siquiera se habían concebido como posibilidades teóricas.

Del mismo modo que las ideas y prácticas de Gandhi no están tanto en sus seguidores profesionales, como en millones que acaso no conocen su nombre o sólo saben de él por la película, sospechamos que las ideas de este hombre excepcional están hoy encarnadas en millones de personas ordinarias que nunca lo han leído. Alguien, acaso, las compartió con ellas.

Más probablemente, según estamos explorando, supo preveer lo que harían los descontentos cuando se hiciera enteramente evidente el carácter de las instituciones modernas y empezaran, una tras otra, a caer en pedazos.

La amistad, que ocupa un lugar central en su edificio téorico, fue también su práctica más vital. Decía sonriendo que pecaba de polifilia. Rodeado de algunos de sus innumerables amigos, murió el lunes Iván Illich. Abrigo la esperanza de que su cuerpo vendrá de regreso hasta el cementerio de Ocotepec. Aquí, en México, estará siempre cobijado por el espíritu de quienes hoy encarnan su obra.

07 agosto 2008

NUEVO LIBRO DE MIGUEL GRINBERG

(en quioscos y librerías de Buenos Aires)


A partir de la certidumbre de que todo lo que existe está en vías de transformación, esta obra explora nuestro potencial espiritual, psíquico, erótico y evolutivo con énfasis en la necesidad de reinventar el amor. Nos comunica vivencias para existir sin lastres, indagar la consciencia profética, explorar los recursos del Tantra y entregarse a todo lo que hay de sagrado en la existencia personal y universal. Manifiesta que "el amor se amasa como el pan, es una amalgama cuyo resultado final resulta imprevisible. Transforma a quienes aman y transforma también a quienes son testigos de tal cúspide artesanal. Amar y ser amados, esa es nuestra misión en la Tierra. No nacimos para sojuzgar pueblos, ni para acopiar fortunas. Llegamos desnudos y partimos desnudos. La eternidad es un congreso de amantes empedernidos." Este libro es para todos los que anhelan convertir su vida –progresivamente– en una celebración colmada de significado y de gozo infinito.

Acerca del autor: Miguel Grinberg, uno de los más lúcidos y comprometidos exploradores del impulso evolutivo de la especie humana durante el siglo XX, publicó revistas legendarias (como Mutantia), fundó redes ecológicas locales e internacionales, desarrolló el concepto de Multiversidad, creó una dinámica meditativa llamada Holodinamia, y mediante traducciones, ediciones y obra personal concretó alrededor de cuarenta libros donde ha desplegado su sensibilidad poética, visionaria y espiritual. En la actualidad dirige la Colección Biogramas de la editorial Capital Intelectual y realiza programas de rock por Radio Nacional de Buenos Aires.


13 julio 2008

La Educación Permanente: Hacia una Holo-Pedagogía


Por Miguel Grinberg

Cuatro décadas atrás, la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) promovía el concepto de "educación permanente" en base a una nueva concepción del acto de ser humano, y apuntaba al desarrollo total de la persona, a la par del logro genuino de la libertad y la democracia. Ahora, ya inmersos en los desafíos de un nuevo siglo, se nos presenta la posibilidad de ir más lejos: ayer se trataba de aprender a ser, hoy se trata de aprender a convertirnos en co-creadores del universo futuro.

El contenido, la trascendencia y las implicaciones de la educación permanente se basaban -a finales de la pasada década de los ’60- en una idea surgida del seno de la educación de adultos, más en contacto con la realidad social y económica de la vida cotidiana, que con los esquemas abstractos de las tareas académicas. René Maheu, ex director general de la UNESCO, explicaba que su origen real estaba en medios externos al sistema escolar tradicional y al quehacer universitario estructurado. Velozmente, el concepto pedagógico se amplió. Ya no se trataba apenas de "educar" a una gran cantidad de adultos desprovistos de recursos y oportunidades. Ante una multitud de jóvenes y niños descolocados mental y materialmente por la acelerada evolución de los medios de comunicación masiva y las herramientas electrónicas, surgía la necesidad de convertir al "rito educador" en una preparación para la vida. Aquel funcionario pionero sostenía que "la juventud estudiante acusa progresivamente una sensación de vivir en un mundo irreal o simplemente semi-real, de sueños, de evasión, de timidez y de pudor ante la acción".

En nuestros países, ese desafío transformacional no llegó a decolar visionariamente. Por un lado debido al torbellino retrógrado de gobiernos dictatoriales, y por otro a crisis económicas recurrentes que iban postergando decisiones estructurales en el ámbito educativo oficial. La innovación se atascó y quedó confinada en pequeños reductos donde algunos pedagogos lograban crear espacios de invención y esclarecimiento, tal como ocurrió en Brasil con figuras como Paulo Freire y Lauro de Oliveira Lima, cuyos principios se diseminaron ampliamente no sólo por América Latina sino también por África y Asia.

Entretanto, como consignaba el profesor Maheu, crecía el número de arrinconados, de víctimas totales y parciales de la dura necesidad de una evolución acelerada, no sólo entre adultos de 35 a 45 años (o aún mayores) que no lograban seguir el ritmo del progreso intelectual, sino entre una multitud de adolescentes perdidos en el vértigo de un mundo donde no lograban discernir el lugar que podía corresponderles en sus sociedades, casi siempre deformadas por la frustración colectiva. Hasta que la mutación constante del planeta se aceleró más y más, y llegamos a una circunstancia crucial donde a lo "permanente" se vuelve necesario sumarle lo "proyectivo", la invención de nuevas circunstancias educativas y de nuevas metas evolutivas. Es un tiempo de holo-pedagogía.

La Holo-Pedagogía

El término griego holos significa "entero". Toda pedagogía avanzada considera que el estudiante no es un recipiente para llenar sino una lámpara para encender. De allí que la Holo-Pedagogía se proponga como una dinámica esclarecedora mediante la cual el "aprendizaje" deja de ser domesticación de seres indóciles, para insertarlos en rígidas estructuras pre-existentes. En cambio, se convierte en un ejercicio permanente centrado en la localización y la expansión de los dones naturales de ese microcosmos inédito que es cada niño, y cada adulto que no ha renunciado a su "niño interior". Todo ello, dentro de una realidad social donde la primera certidumbre es que el siglo 20 terminó, irreversiblemente.

No atravesamos una crisis ni una coyuntura. Estamos en el final completo de una época, culminación rotunda de una concepción hiper-materialista del mundo. Ello preanuncia un sendero distinto para la humanidad: será catastrófico si nos quedamos en la posición de espectadores. Será revelador si nos centramos en el diseño del porvenir, a la medida de las verdaderas necesidades evolutivas del ser humano.

Ni las quejas, ni los petitorios con millones de firmas, ni los manifiestos moralizantes, ni la furia vengativa podrán alterar un ápice las ceremonias caníbales que padecemos día a día en las metrópolis del planeta. Los negocios de este mundo no están regidos por la ética y, al mismo tiempo, todo lo que sucede patológicamente es efecto de causas anidadas en el pasado. No habrá un siglo 21 relevador y elevador, si no protagonizamos una profunda transformación holista. ue no consiste en un rito esotérico de gente saciada, sino que equivale a una suprema expansión del espíritu.

Se trata de una triple artesanía pedagógica enfocada en la conciencia, el entorno natural y social, y el universo. La propia naturaleza humana, o "cosmos interno", es un universo particular necesitado de expansión en si mismo y de una proyección ilimitada que convierta la tradicional ecuación dentro-fuera en un contexto simbiótico, donde ser, estar, saber y tener se armonicen permitiendo que el individuo evolucione de modo integrado. Al mismo tiempo, el cosmos "externo" no es algo "allá afuera": está en nosotros como los colores de cualquier paisaje que observemos. La holo-pedagogía se ocupa de la construcción de la existencia sin sacrificar las esencias. Es algo ajeno al ritual consumista de símbolos, bibliografías, posters, menús y proclamas.

Cualquier célula de nuestro cuerpo no se plantea disyuntivas de participación con el resto del organismo: es cabalmente un segmento de un contexto integrado. Mientras cada cual, en esta sociedad trastornada a la cual pertenecemos, sea un paquete de fragmentos antagonizantes, no lograremos construir una comunidad "afable", solidaria, expansiva.

Nosotros, como células de la Humanidad, podemos lograr ciertas mejoras mediante prácticas espirituales o psicológicas, pero el mundo con sus dramas y tragedias actúa como factor perturbador. Podemos construir situaciones de éxtasis personal, pero todavía no sabemos cómo proyectar esas energías hacia nuestros congéneres y el resto del globo.

El Séxtuple Desafío

Las doctrinas pedagógicas antiguas o nuevas que circulan por el panorama contemporáneo necesitan clarificarse en seis planos del conocimiento:
·la relación persona-planeta,
·la inserción individual en el proceso evolutivo global,
·el logro de la felicidad,
·el trabajo por la justicia social,
·la mutación consciente de nuestro carácter,
·la creación de una sociedad plena de alternativas.

No se trata de cambiar un dogma conocido o desgastado por otro más espectacular y confortable. Y mucho menos de violentar nuestra naturaleza sujetándola a limitaciones rituales, revoluciones abstractas o devoluciones infecundas. El aprendizaje holista, como arte de vivir en paz con nosotros mismos, los demás y el planeta, propone una exploración del espacio "interior", la localización allí de lo que llamamos "exterior", y la fusión de esos planos ilusorios en una Tensión Generadora. Librada de autoritarismos ideológicos y estereotipos caducos.

El "alumno" no repite meramente las consignas de un "profesor", sino que aprende a confiar en su capacidad individual de conducción, sin mimetizarse según el mandato de una clase social o una doctrina. Procura así una dirección participante, un sendero dinamizador, una convivencia inventiva. La comunicación/comunión del trabajo individual y grupal permite el acceso a lo que uno ya sabe pero no conoce, activando energías fundamentales en esta nueva etapa de la humanidad. Entonces, sólo entonces, comienza a emanar una significación trascendente, irreversible.

Es preciso incentivar la imaginación, que es el umbral del conocimiento intuitivo: "el asunto de no batallar más" contra los espectros de un mundo agónico. Ya se lo llame abrirse o despertar o desbordarse, se trata de zafar del sinfín de servidumbres que nos asfixian.

La UNESCO ha advertido que se pueden hacer los planes más fantásticos, los más maravillosos análisis sobre el papel, se puede tener un mecanismo administrativo muy perfeccionado, pero de hecho la educación es una relación humana, un contacto entre personas en el que una de ellas, llamada educador, desempeña un papel de promotor, indispensable, esencial, central. Cuando se habla de "educación permanente", también resulta preciso plantear el problema de quiénes serán los "educadores". Maheu decía: "Creo que lo que se aprende mejor es lo que se aprende por sí solo, lo que mejor se asimila es lo que se adquiere por sí mismo. La educación permanente fomenta la capacidad de educarse a sí mismo. Claro que en ella existe el educador, pero es un animador, un estimulador, que facilita el proceso interno del sujeto".

Quienes estamos entregados al significado generativo de la planetización humana (completamente diferenciado de la globalización financiera y de la mundialización política), también llamada hominización por pensadores tan dispares como Pierre Teilhard de Chardin o Edgar Morin, y dedicados también a la siembra de fusiones fraternas, debemos abstenernos de ser "ecos" de lo que agoniza. Ser cabalmente holista no es otra cosa que ponerse al servicio de la Creación, con todos sus ocasos y renacimientos. En el día a día de una hermandad sin miedo, y plena de visión.


18 junio 2008

SÍ, PODEMOS -- Por Susan George



Los excesos del desarrollismo están llevando a la humanidad al abismo, por lo que la nueva idea de progreso debe volver a recuperar la intención de antaño, de unir el progreso con la emancipación de los seres humanos, retomando el impulso del “sí podemos” que ha caracterizado los movimientos transformadores de la izquierda durante décadas.


El progreso es una idea inventada ya en el siglo XVIII, la época de la Ilustración y de las revoluciones, pero a veces es difícil mantener esa idea viva en nuestro propio tiempo. En Francia, los revolucionarios derrocaron la monarquía y el "orden natural" –la mayor herejía en aquel momento–. Los Padres Fundadores de los Estados Unidos, imbuidos de la noción de progreso, la legaron a generaciones de norteamericanos. Cuando floreció, la idea de progreso estaba reducida a Occidente, a lo que se podría llamar "zonas de Ilustración", y a las clases sociales con una educación relativamente alta. A lo largo de las décadas siguientes, los pensadores y los activistas creían en la emancipación humana y luchaban por ella, por la erradicación de la esclavitud, por una nueva vida para los inmigrantes, por los derechos de los trabajadores, de las mujeres y de las minorías.

En aquella época, la ciencia y la tecnología parecían desarrollarse con tal rapidez y seguridad, solucionando tantos problemas y haciendo la vida más fácil para millones de personas, que era fácil pensar –en la Gran Bretaña del siglo XIX, por ejemplo– que la humanidad marchaba camino al éxito, hacia horizontes cada vez más brillantes.

La noción de "desarrollo" caracterizó la versión del progreso del siglo XX. Al menos hasta la aparición –a mediados de la década de 1990– de los informes sobre desarrollo humano de Naciones Unidas, los "promotores oficiales del desarrollo", como el Banco Mundial, confundían el crecimiento económico con el bienestar de las personas y, al impulsar grandes programas como la "revolución verde", contaban con la ciencia y la tecnología para erradicar la pobreza y la desigualdad. China aún sigue un camino similar, propio del siglo XIX, con una fe sin igual en el progreso tecnológico y mostrando escaso interés por la libertad de los seres humanos o por los límites que impone la ecología.

Las dos guerras mundiales, la Shoá, los horrores del colonialismo que fuimos conociendo poco a poco, la carrera armamentística nuclear y los desastres nucleares contribuyeron a erosionar la fe en el progreso en el siglo XX. El cambio climático, las múltiples crisis financieras, la crisis del petróleo y las amenazas de las hambrunas y del terrorismo cumplen la misma función en el siglo XXI. Parece que por fin empieza a entrarnos en la cabeza que la civilización podría ir hacia atrás y que, en estos momentos, seguramente la estamos empujando en esa dirección.

Históricamente hablando, sólo la izquierda, sólo las fuerzas progresistas, han generado progreso en forma de emancipación de los seres humanos. Así, la pregunta que TEMAS hace a sus autores –“¿cuál sería la nueva idea de progreso para la izquierda en el siglo XXI?”– se revela urgente.

Intentaré contestarla señalando primero la distinción necesaria entre los avances científicos y tecnológicos y el progreso humano. En el pasado iban de la mano; hoy, sin embargo, el debate, la discusión, radica en saber si los desarrollos científicos verdaderamente constituyen progreso o no. Ahora, con frecuencia, la izquierda debe detener aquello a lo que la derecha llama “progreso”, una idea inconcebible para los progresistas de hace cien años. En la actualidad, cuando el supuesto “progreso” está controlado por las corporaciones transnacionales centradas exclusivamente en el beneficio y en la apertura de nuevos mercados, ello se convierte en un deber para los progresistas.

El ejemplo de los organismos genéticamente
modificados (OGM) ilustra esta idea. Aunque hasta ahora nadie ha probado de manera concluyente que los OGM son peligrosos para la salud de las personas, es evidente que generan un impacto medioambiental negativo y que pueden extender o acabar con la libertad de los agricultores para cultivar de forma orgánica o tradicional. Conscientes de que las corporaciones transnacionales controlan los OGM –en especial Monsanto y su enorme legado de productos nocivos– los progresistas hacen bien en impedir el cultivo de OGM si no es en condiciones estrictamente establecidas.

No necesitamos más energía nuclear sino más bien, como en España, mucha más inversión en energía eólica y demás energías alternativas. Tampoco necesitamos nuevos aviones de combate, por mucho que interese al complejo militar industrial, sino más bien investigación y desarrollo de materiales ligeros para construir aviones comerciales que consigan reducir drásticamente las cantidades de gasolina que consumen. Como ha señalado el filósofo Paul Virilio, toda tecnología contiene su propio accidente: el avión que se estrella, el ordenador que se bloquea con catastróficas pérdidas de información, la fusión de un reactor nuclear, las plagas originadas por la involuntaria liberación en la naturaleza de organismos manufacturados, los vertidos de petróleo, las explosiones químicas… la lista es larga. El deber de los progresistas es aplicar de manera rigurosa el principio preventivo de intentar controlar las corporaciones que tratan de controlarnos. Esto exige perseverancia y que las organizaciones políticas transnacionales equiparen sus estrategias con las de las propias corporaciones.

La cuestión del progreso en el sentido de la emancipación de los seres humanos es distinta. Aquí, evidentemente, la izquierda no está llamada a impedir, sino a buscar y a encontrar nuevas vías, de la misma manera que todos los progresistas habidos y por haber lo han intentado. Todos ellos tuvieron que luchar con múltiples formas de opresión en las difíciles condiciones de su tiempo, y la mayoría de ellos, admitámoslo, fracasaron. Espartaco no consiguió acabar con la esclavitud en la antigua Roma, y hasta el siglo XIX ésta no se pudo erradicar. Cientos de filósofos, protocientíficos, pensadores y personas inocentes acabaron quemados en la hoguera cuando el poder de la Iglesia no podía ser detenido. Durante siglos, Europa llevó a cabo guerras sangrientas que provocaron un número incontable de muertes innecesarias hasta que una Europa unida terminó con ellas. Las mujeres no fueron completamente reconocidas como seres humanos hasta hace menos de cien años y todavía intentan alcanzar la igualdad total, incluso en las sociedades “avanzadas”. Los derechos humanos siguen siendo ignorados en muchos sitios, también en Occidente, de forma que aún nos quedan muchas metas y muchas áreas en construcción en el siglo XXI.

Desafíos

El desafío sin precedentes que se plantea hoy a los progresistas es ser activos en todos los frentes geográficos. Hasta hace poco bastaba con intentar resolver los problemas del propio país –sueldos decentes, condiciones de trabajo óptimas, asistencia sanitaria adecuada, educación universal, separación de Iglesia y Estado, etc–. No cabe duda de que las cuestiones nacionales siguen siendo importantes. Pero también lo son las cuestiones locales. Cada vez más, sin embargo, vemos que las fronteras de nuestras vidas van mucho más allá de nuestras fronteras nacionales. Los europeos tienen que saber que actualmente el 85% de la legislación que gobierna sus vidas no proviene de su Parlamento nacional, sino de Bruselas, y que la Unión Europea tiene el control del modelo económico neoliberal, guiado por intereses comerciales hasta el punto de excluir cualquier consideración de progreso social.

Recientemente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha anunciado tres decisiones que obligan a Suecia, a Finlandia y a Alemania a aceptar mano de obra de Europa oriental con salarios un 50% inferiores a los de sus trabajadores nacionales. Estas decisiones, que tienen su base en la “libre prestación de servicios”, sitúan a los trabajadores europeos en competición directa y lanzan una “carrera hacia mínimos” en lo que respecta a salarios y condiciones de trabajo. En el Tratado de Lisboa, la palabra “mercado” aparece 63 veces, “competencia” 25 veces, “progreso social” consigue tres menciones y “desempleo” ninguna. La Comisión insiste en que no se apliquen restricciones a la libre circulación de bienes, servicios, personas y capitales. ¿Podemos albergar esperanzas de gravar las transacciones de capitales internacionales –como Attac propone desde hace años– si no es posible aplicar “restricciones” y es la Comisión (con sus miembros no electos), o el Tribunal Europeo, quien decide? Siglos de progreso europeo pueden quedar anulados y borrados si los progresistas no consiguen controlar esta Europa neoliberal; tarea que debemos llevar a cabo mediante una organización transfronteriza similar a la de las élites europeas que disfrutan hoy de unas condiciones extremadamente beneficiosas para sus intereses.

La tarea de introducir asuntos de vital importancia en la agenda internacional constituye un proceso terriblemente lento, no digamos si queremos que se tomen medidas. Hicieron falta más de veinte años para convencer a las autoridades nacionales e internacionales de la realidad y del peligro del cambio climático, lo que nos da una idea de hasta qué punto se contentaban con escuchar a las corporaciones, en especial a las empresas petroleras. Ahora que todos somos concientes de las amenazas, los líderes aparecen, una vez más, paralizados. Sabemos que los refugiados por el cambio climático llamarán a nuestras puertas en cuestión de años y, sin embargo, no nos estamos preparando para ello. Sabemos que, una vez más, las hambrunas acechan al mundo, que decenas de millones de personas que han sobrevivido a una vida de hambre permanente caen de nuevo en esa pesadilla y, aun así, seguimos produciendo biocarburantes en lugar de cultivos alimentarios, y no hacemos esfuerzos por contener a las fuerzas del mercado que conducen a las hambrunas masivas.

Los progresistas tienen que desembarazarse de una vez por todas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial del Comercio, y sustituirlos por las organizaciones internacionales que de verdad respondan a las necesidades de las (desatendidas) tres cuartas partes de la humanidad. Para cuando falleció, en 1946, John Maynard Keynes ya había elaborado el proyecto que serviría a estas organizaciones. No sería mala idea desenterrarlo y mejorarlo para adaptarlo a las necesidades actuales.

En todas partes vemos a las elites ansiosas por acabar con el progreso democrático de los siglos pasados y por conseguir que dirigentes no electos (la Comisión Europea, por ejemplo) o tecnócratas (el FMI, la OMC) sean fieles a sus propios intereses. La lucha constante de los progresistas por preservar la democracia les enfrenta a quienes tratan de socavarla: el déficit democrático debe ser el nexo de toda nuestra acción futura.

Quizá porque es consciente de todo esto, Barack Obama ha surgido del casi anonimato político para ocupar un lugar preeminente en el imaginario colectivo y, esperemos, pronto también en el despacho del presidente de los Estados Unidos. Utilizando un magnífico lenguaje, es capaz de hacernos comprender el significado de nuestras tradiciones y de nuestros logros. Cada vez que hemos oído que no estábamos preparados, que no merecía la pena intentarlo, que nunca conseguiríamos nada, respondimos "yes we can" (sí, podemos). Los autores de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, los esclavos y los abolicionistas, los pioneros y los inmigrantes, los trabajadores y las mujeres, los impulsores del New Deal y los astronautas, todos ellos respondieron "yes we can".

La Historia de la humanidad –y por ende la lucha por la emancipación de los seres humanos– no ha terminado, y no debemos ofender a las generaciones futuras. Ojalá los progresistas de todo el mundo, sobre todo los europeos, se unan alrededor de estas palabras: yes we can.

15 junio 2008

MÁXIMAS DE SAN MARTÍN ESCRITAS PARA SU HIJA


Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes tenía cuatro meses y se volvieron a ver en 1818 después del triunfo de Chacabuco. Debido a la enfermedad de su esposa Remedios, su hija, la niña Mercedes fue criada y educada por sus abuelos, lo que derivó en una niña caprichosa y maleducada. En 1924 se embarcaron juntos a Europa y una vez en Francia, el General San Martín se ocupó de reeducarla, y entre otras cosas escribió estas Máximas en el año 1825:


MÁXIMAS PARA MI HIJA

1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos".

2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.

3. Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.

4. Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.

5. Respeto sobre la propiedad ajena.

6. Acostumbrarla a guardar un secreto.

7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.

8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.

9. Que hable poco y lo preciso.

10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11. Amor al aseo y desprecio al lujo.

12. Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.

Fuente: blog de la Buhardilla





09 junio 2008

AMBIENTE: Tiempo de aliarse


Entrevista de Sabina Zaccaro

FLORENCIA, Italia, jun (IPS) - Es necesaria una alianza mundial entre activistas por los derechos humanos, ambientalistas y pequeñas empresas administradas éticamente para salvar al planeta de la autodestrucción, sostuvo la estadounidense Susan George, del Instituto Transnacional en Amsterdam.

Esa institución, cuya junta planificadora preside, trabaja "para contribuir a la justicia social".

George, autora de varios libros sobre desarrollo, ahora se concentra en la globalización neoliberal reflejada en las conversaciones de la Organización Mundial del Comercio, las instituciones financieras internacionales y las relaciones Norte-Sur.

"Aun comprometidos con los desafíos sociales y ambientales, ninguno de estos grupos será capaz individualmente de salvar nuestro futuro, dominado por poderosas fuerzas económicas que tienen una mirada cortoplacista y, si se lo permiten, continuarán explotando y destruyendo el planeta", dijo George.

Debemos reconocer que el cambio no ocurre a nivel individual, sostuvo. "Yo puedo cambiar mis lámparas eléctricas o reducir mi huella de carbono, pero necesitamos una revolución radical que no puede lograrse individualmente", planteó.

IPS dialogó con Susan George en Florencia, en ocasión de Terra Futura, una exhibición de "buenas prácticas" en materia de sustentabilidad social, económica y ambiental que se realiza desde hace cinco años en esa ciudad italiana.

En la edición 2008, Terra Futura estuvo dedicada a fortalecer las alianzas sociales y a intentar algunas audaces, por ejemplo entre ciudadanos particulares e instituciones financieras.

IPS: -- El sistema político-económico, ¿realmente permitirá que ocurran estas alianzas?

Susan George: -- La ideología del mercado trabaja para separar a las personas en base a la competencia. El contacto social es la única respuesta a la economía que trabaja todo el tiempo para impedir esto.

La gente no tiene que abandonar su propia área y compromiso, pero se acostumbra a trabajar junta. Somos agentes libres, y si comprendemos que hay un interés, que la vasta mayoría de las personas a menudo ya no pueden ver dónde radican sus intereses --y ésa es parte de nuestra lucha política--, entonces es posible.

Si se les muestra a las personas que tienen un interés en las alianzas, y esto es verdadero para los agricultores, sindicalistas, pequeñas y medianas empresas, entonces sí, pienso que es posible hacer esas alianzas.

-- ¿Y quién establece las reglas?

-- Es difícil obtener reglas vinculantes, sería más fácil en los ámbitos regionales. En muchos lugares esto no es posible a causa de la corrupción, o porque la voluntad del gobierno es impedir esta clase de cosas y permitir que las corporaciones transnacionales hagan lo que les plazca. Yo diría que es para eso que la Comisión Europea está allí: para permitir que capitales financieros y transnacionales operen tan libremente como sea posible.

-- ¿Puede el argumento ético por sí solo convencer a las empresas?

-- No, en absoluto. Ellas dicen cuán verdes son, cómo se preocupan, pero es basura creerles. Las corporaciones y las organizaciones transnacionales predican la autorregulación verde. "Nosotros traeremos la solución adecuada", dicen, pero eso es totalmente ilusorio.

-- Entonces, ¿qué argumento puede ser convincente?

-- Los argumentos correctos son los de la fuerza, con los que uno no puede discutir y uno no dice "por favor". Es cuando usted está en una posición en la que es capaz de imponer.

-- ¿Cómo?

-- A través de alianzas. A una escala más grande. Las alianzas deben ser lo más amplias posibles. El poder económico está a un largo trecho de nosotros, así que, para mí, el problema es si podemos ir suficientemente rápido y volvernos lo suficientemente importantes para ponerle un freno a eso, para escapar del actual estancamiento.

-- La política, ¿cumple un rol en eso?

-- Si se tratara sólo de política yo no estaría tan preocupada, dado que las cosas pendientes durante siglos se arreglan solas. Pero con el ambiente no tenemos esa clase de tiempo. No lo digo a menudo en público porque no quiero que la gente se desespere, pero yo me desespero con frecuencia.

-- ¿Es usted totalmente pesimista?

-- Tengo esperanzas. Lo único en lo que se puede trabajar es en la esperanza. Generalmente, los políticos son los últimos en moverse, pero necesitamos hacer alianzas con ellos.

Cuando los políticos tienen interés en algo, muestran que son capaces de escuchar. Mire lo que ocurre con los precios y la escasez. Los políticos y las empresas sí escuchan el precio del petróleo. Generan las soluciones equivocadas, pero escuchan las señales de los precios.

-- ¿Puede el petróleo ser reemplazado por los agrocombustibles?

-- Eso es criminal. Se habla mucho sobre usar plantas que sean "bio", pero cualquier planta es bio. Acabo de leer que algunas de las especies que ellos intentan usar son invasoras, se expanden y sacan toda el agua del suelo, y así sucesivamente.

Así que es siempre lo mismo: uno no puede simplemente tener una solución tecnológica porque tiene que considerar a todo el ambiente. Yo no soy agrónoma, pero me negaría a la introducción de cualquier cultivo hasta que su impacto sobre el resto del ambiente haya sido estudiado. No se puede simplemente decir: "Esto es bueno, lo cosecharemos y haremos etanol a partir de esto", porque uno no sabe.

Es también eso lo que está mal con las semillas de organismos genéticamente modificados. Solamente miran la planta y qué se supone que debe hacer ésta, repeler insectos o lo que sea, pero no miran el ambiente completo, no es su tarea.

Los científicos son perfectamente capaces de fabricar una planta que pueda repeler insectos, pero no tienen conocimiento en absoluto sobre cómo reaccionarán las aves, las mariposas, los gusanos o las bacterias.

(FIN/2008)

09 abril 2008

El Gran Cambio: del Imperio a la Comunidad de la Tierra - por David Korten



¿Por cuál nombre conocerán las futuras generaciones a nuestro tiempo?

¿Hablarán con enojo y frustración del tiempo del Gran Desenredo, cuando el consumo despilfarrador excedió la capacidad de la tierra para sustentarnos y llevó a una rápida ola de colapsos ambientales, a una violenta competencia por lo que quedara de los recursos del planeta, y a una disminución dramática de la población humana? ¿O mirarán hacia atrás en gozosa celebración al tiempo del Gran Cambio cuando sus ancestros abrazaron el potencial de Orden Superior de sus naturalezas humanas, transformaron la crisis en oportunidad y aprendieron a vivir en una sociedad creativa el uno con el otro, y con la misma Tierra?

Una elección definitiva

Enfrentamos una elección definitiva entre dos modelos contrastantes de cómo organizar los asuntos humanos. Utilicemos los nombres genéricos de Imperio y Comunidad de la Tierra. Si no existe una comprensión de la Historia y las consecuencias de esta elección, podríamos derrochar tiempo y recursos valiosos en esfuerzos para preservar o remendar culturas e instituciones que no pueden ser arregladas y que, en cambio, deben ser reemplazadas.

El Imperio se organiza por medio de la dominación en todos sus niveles, desde las relaciones existentes entre las Naciones hasta aquellas que se nutren entre los miembros de una familia. El Imperio trae fortuna a unos pocos, condena a la mayoría a la miseria y a la servidumbre, suprime el potencial creativo de todos, y se apropia de gran parte de la riqueza de las sociedades humanas para mantener las instituciones de dominación.

La Comunidad de la Tierra por contraste se organiza por asociaciones, libera el potencial humano para la cooperación creativa, y comparte recursos y excedentes para el bienestar de todos. La evidencia que apoya las posibilidades de la Comunidad de la Tierra proviene de los hallazgos de la física cuántica, la biología evolutiva, la psicología del desarrollo, la antropología, la arqueología, y el misticismo religioso. Éste era el modo humano antes del Imperio; debemos hacer una elección para reaprender cómo vivir bajo sus principios.

Los acontecimientos característicos de nuestra época nos están diciendo que el Imperio ha alcanzado los límites de la explotación que la gente y la Tierra pueden sostener. Una tormenta perfecta en ascenso proveniente de la convergencia del pico de petróleo, el cambio climático, y una economía estadounidense desequilibrada dependiente de deudas que nunca podrá re-pagar, está a punto de traer una reestructuración dramática de cada aspecto de la vida moderna. Tenemos el poder para elegir, sin embargo, si queremos que las consecuencias signifiquen una crisis terminal o una oportunidad épica. El Gran Cambio no es una profecía. Es una posibilidad.

Una vuelta a la vida
De acuerdo a la historiadora cultural Riane Eisler, los primeros humanos evolucionaron dentro de un marco cultural e institucional propio de la Comunidad de la Tierra. Se organizaban para satisfacer sus necesidades cooperando con la vida más que dominándola. Luego, cerca de 5.000 años atrás, comenzando en la Mesopotamia, nuestros ancestros realizaron un trágico giro de la Comunidad de la Tierra al Imperio. Se alejaron del respeto por el poder generativo de la vida, representado por los dioses femeninos o espíritus de la naturaleza, a una veneración de la jerarquía y el poder de la espada, representados por dioses distantes, usualmente masculinos. La sabiduría de los ancianos y las sacerdotisas dio lugar al gobierno arbitrario, y a menudo brutal, del rey.

Pagando el precio
Los pueblos de las sociedades humanas dominantes perdieron su sentido de conexión con la Tierra viviente, y las sociedades se dividieron entre gobernantes y gobernados, explotadores y explotados. La brutal competencia por el poder creó una dinámica implacable de jugar o morir, de gobernar o ser gobernado, de violencia y opresión, y sirvió para elevar al más brutal a las posiciones más altas de poder. Desde este aciago giro la mayor porción de los recursos disponibles para las sociedades humanas ha sido desviado desde la satisfacción de las necesidades de la vida al sustento de fuerzas militares, prisiones, palacios y templos, y al auspicio de los sirvientes y propagandistas sobre los cuales el sistema de dominación a su vez depende. Las grandes civilizaciones construidas por la ambición de los gobernantes colapsaron bajo sucesivas olas de corrupción y conquista.

La forma institucional primaria del Imperio se ha transformado desde la ciudad-estado a la nación-estado a la corporación global, pero el patrón subyacente de dominación permanece. Es axiomático: para que unos pocos estén en la cima, muchos deben estar en el fondo. El poderoso controla e institucionaliza los procesos por los cuales se decide quiénes disfrutan los privilegios y quiénes pagan el precio, una opción que normalmente lleva a la arbitraria exclusión del poder de grupos enteros de personas, basados en motivos de raza o género.

Verdades inquietantes
En este punto yace un entendimiento crucial. Si buscamos las fuentes de las patologías sociales, cada día más evidentes en nuestra cultura, hayamos que todas ellas poseen un origen común en las relaciones de dominación del Imperio que han sobrevivido en su mayor parte intactas a pesar de las reformas democráticas de los últimos dos siglos. El sexismo, el racismo, la injusticia económica, la violencia y la destrucción ambiental que han plagado a las sociedades humanas durante 5.000 años y que ahora nos han llevado al borde de una crisis potencialmente terminal, todo esto surge de una fuente en común. Liberarnos de estas patologías depende de una solución en común: reemplazar las culturas e instituciones de dominación subyacentes del Imperio con las culturas e instituciones cooperativas de la Comunidad de la Tierra. Desgraciadamente, no podemos esperar que los detentores del poder nos guíen por este camino.

Más allá de la negación
La historia muestra que a medida que el Imperio se desmorona las elites gobernantes se vuelven incluso más corruptas y más brutales para asegurar su propio poder; una dinámica que se está llevando a cabo ahora en los Estados Unidos. Los norteamericanos basamos nuestra identidad en gran parte en el mito de que nuestra nación siempre ha personificado los más altos principios de la democracia, y que se encuentra consagrada a la expansión de la paz y la justicia por todo el mundo.

Pero siempre ha habido tensión entre los altos ideales de Estados Unidos y su realidad como una versión modernizada del Imperio. La libertad prometida por la Carta de Derechos contrasta directamente con la santificación de la esclavitud, escrita en otro lugar de los artículos originales de la Constitución. La protección de la propiedad, una idea central para el sueño norteamericano, está en contradicción frente al hecho de que nuestra nación fue construida sobre una tierra tomada por la fuerza de los nativos americanos. Aunque consideramos al voto como el sello de nuestra democracia, llevó cerca de 200 años para que este derecho se extendiera a todas las ciudadanas y ciudadanos.

Los norteamericanos acostumbrados a los ideales de los Estados Unidos encuentran difícil de comprender lo que nuestros gobernantes están haciendo, la mayor parte de los cuales entran en conflicto con las nociones de igualitarismo, justicia, y democracia. Dentro del marco de la realidad histórica, está perfectamente claro: están llevando a cabo la jugada final del Imperio, buscando consolidar el poder a través de políticas cada vez más anti-autoritarias y anti-democráticas.

Las opciones sabias necesariamente se apoyan sobre un fundamento de verdad. El Gran Cambio depende de que despertemos a ciertas verdades profundas, negadas durante largo tiempo.

Un despertar global
Los que creen en el Imperio mantienen que las imperfecciones inherentes de nuestra naturaleza humana nos llevan a una propensión natural a la codicia, la violencia, y al deseo de poder. El orden social y el progreso material dependen, por lo tanto, en la imposición del gobierno de la elite y la disciplina del mercado para canalizar estas tendencias oscuras hacia fines positivos. Los psicólogos que estudian los caminos del desarrollo de la conciencia individual observan una realidad más compleja. Tal como crecemos en nuestra capacidad y potencial físico, dados una nutrición física apropiada y ejercicio, también crecemos en nuestras capacidades y en el potencial de nuestra conciencia dados el ejercicio y una nutrición social y emocional apropiadas.

A lo largo de la vida, aquellos que disfrutan el soporte emocional requerido transcurren un camino desde la conciencia narcisista, mágica y no diferenciada del recién nacido, a la conciencia completamente madura, inclusiva, espiritual y multidimensional del sabio anciano. Los órdenes de conciencia más bajos, más narcisistas, son perfectamente normales para los niños jóvenes, pero se vuelven sociópatas en los adultos y son fácilmente alentados y manipulados por propagandistas y demagogos. Los órdenes elevados de la conciencia constituyen un fundamento necesario para una democracia madura. Tal vez la tragedia más grande del Imperio consista en que sus culturas e instituciones suprimen sistemáticamente nuestro progreso hacia órdenes superiores de conciencia.

Dado que el Imperio ha prevalecido por 5.000 años, un giro desde el Imperio a la Comunidad de la Tierra podría parecer una fantasía sin esperanzas sino fuera por evidencia que surge de las encuestas de valores, que muestran que un despertar global a niveles superiores de la conciencia humana ya está en desarrollo. Este despertar es impulsado en parte por una revolución en las comunicaciones que desafía la censura de la elite y está destruyendo las barreras geográficas del intercambio multi-cultural.

Las consecuencias del despertar son manifiestas en el movimiento para los derechos civiles, el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, y otros movimientos sociales. Estos movimientos a su vez ganan energía del creciente liderazgo de mujeres, comunidades de color, y pueblos indígenas, y de un desplazamiento del balance demográfico a favor de grupos de edad más avanzada, que tienen más probabilidades de haber logrado una conciencia de alto nivel del sabio anciano.

No es incidental que nosotros los humanos hayamos logrado los medios para realizar una elección colectiva como especie para liberarnos a nosotros mismos de la lógica Imperial aparentemente inexorable de competir o morir, en el mismo momento en que enfrentamos el imperativo para hacerlo así. La velocidad a la cual los avances institucionales y tecnológicos han creado posibilidades completamente nuevas para la experiencia humana es abrumadora.

TAN SOLO HACE 60 AÑOS creamos la Organización de las Naciones Unidas, la cual, a pesar de todas sus imperfecciones, hizo posible por primera vez que representantes de todas las naciones de la Tierra y de la gente se encuentren en un espacio neutral para resolver diferencias a través del diálogo, en vez del uso de la fuerza de las armas.
HACE MENOS DE 50 AÑOS, nuestra especie se aventuró al espacio para mirar hacia atrás y vernos a nosotros mismos como un pueblo compartiendo un destino en común en una nave espacial viviente.
EN POCO MÁS DE 10 AÑOS nuestras tecnologías de la comunicación nos han dado la habilidad, si eligiéramos usarla así, para conectar a cada ser humano en el planeta a una perfecta red de comunicaciones y cooperación, casi sin costo.

Nuestras nuevas capacidades tecnológicas ya han hecho posible la interconexión de millones de personas que están aprendiendo a trabajar como un organismo social dinámico, auto-dirigido, que trasciende las fronteras de raza, clase, religión, y nacionalidad, y que funciona como una conciencia compartida de la especie.

Llamamos a este organismo social la sociedad civil global. El 15 de Febrero de 2003, llevó a más de 10 millones de personas de las calles de las ciudades, pueblos y villas del mundo, para pedir por la paz frente a los inicios de la invasión estadounidense en Irak. Ellos lograron esta monumental acción colectiva sin una organización central, sin presupuesto, sin un líder carismático, a través de procesos sociales nunca antes posibles en una escala tal. Esto fue sólo una anticipación de las posibilidades de formas radicalmente nuevas de organización cooperativa que están ahora a nuestro alcance.

Rompe el silencio, termina el aislamiento, cambia la historia
Nosotros los humanos vivimos por historias. La clave para hacer una elección por la Comunidad de la Tierra es reconocer que la fundación para el poder del Imperio no yace en sus instrumentos de violencia física. Yace en la habilidad del Imperio para controlar las historias por las cuales nos definimos a nosotros mismos y a nuestras posibilidades, con el fin de perpetuar los mitos sobre los cuales depende la legitimidad de las relaciones de dominación del Imperio. Para cambiar el futuro humano, debemos cambiar las historias que nos definen.

Historia del poder
Por 5.000 años, la clase dominante ha cultivado, premiado y amplificado las voces de aquellos narradores cuyas historias afirman la rectitud del Imperio y niegan las potencialidades de orden superior de nuestra naturaleza que nos permitirían vivir en paz y cooperación el uno con el otro. Siempre han habido aquellos entre nosotros quienes perciben las posibilidades de la Comunidad de la Tierra, pero sus historias han sido marginadas o silenciadas por los instrumentos de intimidación del Imperio. Las historias repetidas sin fin por los escribas del Imperio se vuelven las historias más creídas. Las historias de posibilidades más esperanzadoras siguen sin ser oídas o atendidas y aquellos que disciernen la verdad son incapaces de identificar y apoyarse uno al otro en la causa común de decir la verdad. Afortunadamente, las nuevas tecnologías de comunicación están rompiendo este patrón. A medida que los relatores de la verdad alcanzan una mayor audiencia, los mitos del Imperio se vuelven más difíciles de mantener.

La lucha para definir las historias culturales prevalecientes definen en gran medida las políticas culturales contemporáneas en los Estados Unidos. Una alianza de extrema derecha de plutócratas elitistas corporativos y teocráticos religiosos han ganado el control del discurso político en los Estados Unidos no por fuerza de su número, el cual es relativamente menor, sino a través del control de las historias por las cuales la cultura prevaleciente define el camino a la prosperidad, la seguridad, y el sentido. En cada instancia, las versiones favoritas de la extrema derecha afirman las relaciones de dominación del Imperio.



LA HISTORIA DE PROSPERIDAD IMPERIAL dice que una economía eternamente creciente beneficia a todos. Para hacer crecer la economía, necesitamos gente rica que pueda invertir en empresas y crear trabajo. Así, debemos apoyar a los ricos acortando sus impuestos y eliminando las regulaciones que crean barreras para la acumulación de riqueza. También debemos eliminar los programas de beneficio social para enseñar a los pobres el valor del trabajo duro a cualquiera sea el sueldo que ofrezca el mercado.

LA HISTORIA DE SEGURIDAD IMPERIAL nos cuenta de un mundo peligroso, lleno de criminales, terroristas, y enemigos. La única forma de garantizar nuestra seguridad es a través de mayores gastos militares y policiales para mantener el orden por medio de la fuerza física.

LA HISTORIA DEL SENTIDO IMPERIAL refuerza los otros dos, presentando a un Dios que premia la rectitud con riqueza y poder, y manda que éstos gobiernen sobre los pobres quienes sufren debidamente el castigo divino por sus pecados.

Todas estas historias sirven para alienarnos de la comunidad de la vida y negar los potenciales positivos de nuestra naturaleza, mientras afirman la legitimidad de la injusticia económica, el uso de la fuerza física para mantener el orden imperial, y la rectitud especial de aquellos en el poder.

No es suficiente, como muchos en los Estados Unidos están haciendo, debatir los detalles de las políticas de impuestos y educación, el presupuesto, la guerra, y de los acuerdos de comercio, en busca de una agenda política positiva. Ni tampoco es suficiente diseñar eslóganes buscando seducir a las masas para ganar las próximas elecciones o el próximo debate político. Debemos infundir en la cultura principal las historias de la Comunidad de la Tierra. Si las historias del Imperio nutren una cultura de dominación, las de la Comunidad de la Tierra nutren una cultura de cooperación; ellas afirman los potenciales positivos de nuestra naturaleza humana y muestran que el realizar verdadera prosperidad, seguridad y sentido dependen de la creación de comunidades vibrantes, compasivas e intercomunicadas que ayuden a todas las personas a la realización completa de su humanidad. Compartir las noticias felices de nuestras posibilidades humanas a través de la palabra y de la acción es tal vez el Gran Trabajo de nuestro tiempo.

Cambiar las historias prevalecientes en los Estados Unidos puede ser más fácil de lograr de lo que podríamos pensar. Más allá de las aparentes divisiones políticas, los datos de las encuestas estadounidenses revelan un sorprendente grado de consenso en cuestiones claves. Ochenta y tres por ciento de los norteamericanos creen que Estados Unidos como sociedad está enfocada en las prioridades equivocadas.

Grandes mayorías quieren ver una mayor prioridad en los niños, la familia, la comunidad, y la salud del medio ambiente. Los norteamericanos también quieren un mundo que ponga a la gente antes de los beneficios económicos, los valores espirituales delante de los valores financieros, y a la cooperación internacional frente a la dominación internacional. Estos valores de la Comunidad de la Tierra son de hecho ampliamente compartidos por conservadores y liberales por igual.

Nuestra nación no está en el curso equivocado porque los Norteamericanos tengan los valores incorrectos. Está en el rumbo erróneo por las instituciones imperiales remanentes que dan un poder inaudito a una pequeña alianza de extremistas de derecha que se llaman a sí mismos conservadores y dicen apoyar a los valores familiares y comunitarios, pero cuyas políticas económicas y sociales preferidas constituyen una guerra cruel contra los niños, las familias, las comunidades, y el medio ambiente.

La capacidad humana distintiva para la reflexión y la elección intencional trae una responsabilidad moral correspondiente para cuidarnos el uno al otro y al planeta. En verdad, nuestro más profundo deseo es vivir en relación afectuosa el uno con el otro. El anhelo por familias y comunidades amorosas es una poderosa fuerza unificadora, pero latente, y es también el fundamento potencial de una coalición política ganadora dedicada a crear sociedades que apoyen a cada persona en la actualización de su más alto potencial.

En estos tiempos turbulentos y a menudo atemorizantes, es importante recordarnos a nosotros mismos que somos privilegiados en vivir en el momento más excitante de toda la experiencia humana. Tenemos la oportunidad de alejarnos del Imperio y abrazar a la Comunidad de la Tierra por medio de una consciente elección colectiva. Nosotros somos aquellos que hemos estado esperando.

David Korten es co-fundador y miembro del consejo de Positive Futures Network.
Este artículo fue extraído de su último libro, The Great Turning: From Empire to Earth Community (El Gran Cambio: del Imperio a la Comunidad de la Tierra). Visite
www.yesmagazine.org/greatturning para acceder a extractos del libro, artículos relacionados, charlas de David, y recursos para la acción.



El Cambio Cultural
El Gran Cambio comienza con un despertar cultural y espiritual; un giro de los valores culturales desde el dinero y los excesos materiales hacia la vida y la satisfacción espiritual, desde una creencia en nuestras limitaciones a una creencia en nuestras posibilidades, y desde el temor por nuestras diferencias al regocijo por nuestra diversidad. Necesita re-encuadrar las historias culturales por las cuales definimos nuestra naturaleza humana, propósitos y posibilidades.

El Cambio Económico
El desplazamiento de valores del cambio cultural nos lleva a redefinir la riqueza; a medirla por la salud de nuestras familias, comunidades y medioambiente. Nos lleva desde las políticas que elevan a aquellos en la cima, a políticas que elevan a aquellos en el fondo, desde la acumulación a la solidaridad, de la propiedad concentrada a la propiedad distribuida, y de los derechos de propiedad a las responsabilidades de la gestión sustentable.


El Cambio Político
El cambio económico crea las condiciones necesarias para un giro desde una democracia del tipo un dólar-un voto, a una democracia del tipo una persona-un voto, desde una ciudadanía pasiva a una activa, desde la competencia por la ventaja individual a la cooperación para la ventaja mutua, desde la justicia retributiva a la justicia restaurativa, y desde el orden social por coerción al orden social por mutua responsabilidad.




15 noviembre 2007

ARGENTINA HOTEL - Por Miguel Grinberg


Hace cuarenta años, el escritor Marco Denevi (1922-1998) dijo que el argentino tiene una mentalidad de huésped de hotel, que el hotel es el país y que un pasajero de hotel "no se mete" con los otros. "Y si los administradores administran mal, si los administradores roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad, es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros... a quienes en otro sitio los está esperando su futura casa propia, ahora en construcción". El célebre autor de Ceremonia secreta y Rosaura a las diez ironizaba sobre la identidad del dueño del hotel, alguien desconocido que seguramente era muy rico, por lo tanto los pasajeros se esmeraban en robar las cucharitas, los ceniceros y las toallas y, si era posible, pagaban de menos. Y profetizaba: "Quizás algún día los argentinos nos convenzamos de que este hotel de tránsito es nuestro único hogar y que no hay ninguna Argentina -visible o invisible- esperándonos en alguna otra parte".

Aparentemente, ese día llegó: Argentina Hotel alberga hoy a una cantidad infinita de gerentes sospechosos de fraude, mientras los pasajeros claman porque hay goteras y cucarachas en sus habitaciones, detectan extraños o indignos objetos flotando en su sopa y, peor todavía, advierten que les cobran siempre de más y sufren porque el conserje les impone que traigan sus propias toallas, ceniceros y cucharitas.

En medio de este torbellino de vida cotidiana ficticia y degradada, muchos padres comprueban ahora que sus hijos deciden irse a otros hoteles. Es la clásica epopeya del desarraigo argentino tan bien analizada por Julio Mafud, Héctor Álvarez Murena o Juan José Sebrelli. Y que se remonta a los tiempos de la Conquista, cuando otros desarraigados desembarcaron en estas pampas chatas en pos de pepitas de oro caídas por inercia desde el Imperio Inca, y se toparon con una multitud melancólica de indígenas nómades y semidesnudos que ni siquiera supieron informarles la ruta hacia la Fuente de Juvencia. No arraigaron, apenas sedimentaron. Sólo pudieron apropiarse de miles de kilómetros de tierras enigmáticas. El conquistador europeo le robó la mujer al indio. Que hizo lo mismo cuando llegaron las "blancas". El híbrido resultante no fue fruto del amor, sino del odio. Aquellos remotos desarraigados anónimos fomentaron una tradición malsana: ganar lo suficiente con el menor esfuerzo, enquistarse en alguna burocracia municipal, "hacerse amigos del juez" salvarse con un golpe de suerte en el Hipódromo o la Lotería y dar materia prima al desolador tango Cambalache, de Discépolo ("el que no afana es un gil").

Pero no hay nada eterno. La mítica Argentina de las vacas gordas ya no existe. Cayeron todos los antifaces. No hay más Argentina Hotel y nunca construimos de verdad la Argentina Hogar. Y el paupérrimo desempeño de nuestros heroicos atletas en las Olimpíadas demuestra que en el siglo XXI ya no se avanza a "puro corazón y coraje". Durante un siglo, ante cada derrota los argentinos nos consolamos asignándonos el papel de "vencedores morales". La farsa se hizo tragedia. Con apenas dos opciones: despertar para construir otro país o medrar para seguir puliendo colecciones de cucharitas robadas.


Diario Clarín - Domingo 22 de Octubre de 2000

10 agosto 2007

DESAFIOS TRANSFORMACIONALES

La Educación Permanente:
Hacia Una Holo-Pedagogía
Por Miguel Grinberg


Tres décadas atrás, la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) promovía el concepto de "educación permanente" en base a una nueva concepción del acto de ser humano, y apuntaba al desarrollo total de la persona, a la par del logro genuino de la libertad y la democracia. Ahora, ya inmersos en los desafíos de un nuevo siglo, se nos presenta la posibilidad de ir más lejos: ayer se trataba de aprender a ser, hoy se trata de aprender a convertirnos en co-creadores del universo futuro.

El contenido, la trascendencia y las implicaciones de la educación permanente se basaban -a finales de la pasada década de los ’60- en una idea surgida del seno de la educación de adultos, más en contacto con la realidad social y económica de la vida cotidiana, que con los esquemas abstractos de las tareas académicas. René Maheu, ex director general de la UNESCO, explicaba que su origen real estaba en medios externos al sistema escolar tradicional y al quehacer universitario estructurado. Velozmente, el concepto pedagógico se amplió. Ya no se trataba apenas de "educar" a una gran cantidad de adultos desprovistos de recursos y oportunidades. Ante una multitud de jóvenes y niños descolocados mental y materialmente por la acelerada evolución de los medios de comunicación masiva y las herramientas electrónicas, surgía la necesidad de convertir al "rito educador" en una preparación para la vida. Aquel funcionario pionero sostenía que "la juventud estudiante acusa progresivamente una sensación de vivir en un mundo irreal o simplemente semi-real, de sueños, de evasión, de timidez y de pudor ante la acción".

En nuestros países, ese desafío transformacional no llegó a decolar visionariamente. Por un lado debido al torbellino retrógrado de gobiernos dictatoriales, y por otro a crisis económicas recurrentes que iban postergando decisiones estructurales en el ámbito educativo oficial. La innovación se atascó y quedó confinada en pequeños reductos donde algunos pedagogos lograban crear espacios de invención y esclarecimiento, tal como ocurrió en Brasil con figuras como Paulo Freire y Lauro de Oliveira Lima, cuyos principios se diseminaron ampliamente no sólo por América Latina sino también por África y Asia.

Entretanto, como consignaba el profesor Maheu, crecía el número de arrinconados, de víctimas totales y parciales de la dura necesidad de una evolución acelerada, no sólo entre adultos de 35 a 45 años (o aún mayores) que no lograban seguir el ritmo del progreso intelectual, sino entre una multitud de adolescentes perdidos en el vértigo de un mundo donde no lograban discernir el lugar que podía corresponderles en sus sociedades, casi siempre deformadas por la frustración colectiva. Hasta que la mutación constante del planeta se aceleró más y más, y llegamos a una circunstancia crucial donde a lo "permanente" se vuelve necesario sumarle lo "proyectivo", la invención de nuevas circunstancias educativas y de nuevas metas evolutivas. Es un tiempo de holo-pedagogía.

La Holo-Pegagogía
El término griego holos significa "entero". Toda pedagogía avanzada considera que el estudiante no es un recipiente para llenar sino una lámpara para encender. De allí que la Holo-Pedagogía se proponga como una dinámica esclarecedora mediante la cual el "aprendizaje" deja de ser domesticación de seres indóciles, para insertarlos en rígidas estructuras pre-existentes. En cambio, se convierte en un ejercicio permanente centrado en la localización y la expansión de los dones naturales de ese microcosmos inédito que es cada niño, y cada adulto que no ha renunciado a su "niño interior". Todo ello, dentro de una realidad social donde la primera certidumbre es que el siglo 20 terminó, irreversiblemente.

No atravesamos una crisis ni una coyuntura. Estamos en el final completo de una época, culminación rotunda de una concepción hiper-materialista del mundo. Ello preanuncia un sendero distinto para la humanidad: será catastrófico si nos quedamos en la posición de espectadores. Será revelador si nos centramos en el diseño del porvenir, a la medida de las verdaderas necesidades evolutivas del ser humano.

Ni las quejas, ni los petitorios con millones de firmas, ni los manifiestos moralizantes, ni la furia vengativa podrán alterar un ápice las ceremonias caníbales que padecemos día a día en las metrópolis del planeta. Los negocios de este mundo no están regidos por la ética y, al mismo tiempo, todo lo que sucede patológicamente es efecto de causas anidadas en el pasado. No habrá un siglo 21 relevador y elevador, si no protagonizamos una profunda transformación holista. ue no consiste en un rito esotérico de gente saciada, sino que equivale a una suprema expansión del espíritu.

Se trata de una triple artesanía pedagógica enfocada en la conciencia, el entorno natural y social, y el universo. La propia naturaleza humana, o "cosmos interno", es un universo particular necesitado de expansión en si mismo y de una proyección ilimitada que convierta la tradicional ecuación dentro-fuera en un contexto simbiótico, donde ser, estar, saber y tener se armonicen permitiendo que el individuo evolucione de modo integrado. Al mismo tiempo, el cosmos "externo" no es algo "allá afuera": está en nosotros como los colores de cualquier paisaje que observemos. La holo-pedagogía se ocupa de la construcción de la existencia sin sacrificar las esencias. Es algo ajeno al ritual consumista de símbolos, bibliografías, posters, menús y proclamas.

Cualquier célula de nuestro cuerpo no se plantea disyuntivas de participación con el resto del organismo: es cabalmente un segmento de un contexto integrado. Mientras cada cual, en esta sociedad trastornada a la cual pertenecemos, sea un paquete de fragmentos antagonizantes, no lograremos construir una comunidad "afable", solidaria, expansiva.

Nosotros, como células de la Humanidad, podemos lograr ciertas mejoras mediante prácticas espirituales o psicológicas, pero el mundo con sus dramas y tragedias actúa como factor perturbador. Podemos construir situaciones de éxtasis personal, pero todavía no sabemos cómo proyectar esas energías hacia nuestros congéneres y el resto del globo.

El Séxtuple Desafío
Las doctrinas pedagógicas antiguas o nuevas que circulan por el panorama contemporáneo necesitan clarificarse en seis planos del conocimiento:
·la relación persona-planeta,
·la inserción individual en el proceso evolutivo global,
·el logro de la felicidad,
·el trabajo por la justicia social,
·la mutación consciente de nuestro carácter,
·la creación de una sociedad plena de alternativas.

No se trata de cambiar un dogma conocido o desgastado por otro más espectacular y confortable. Y mucho menos de violentar nuestra naturaleza sujetándola a limitaciones rituales, revoluciones abstractas o devoluciones infecundas. El aprendizaje holista, como arte de vivir en paz con nosotros mismos, los demás y el planeta, propone una exploración del espacio "interior", la localización allí de lo que llamamos "exterior", y la fusión de esos planos ilusorios en una Tensión Generadora. Librada de autoritarismos ideológicos y estereotipos caducos.

El "alumno" no repite meramente las consignas de un "profesor", sino que aprende a confiar en su capacidad individual de conducción, sin mimetizarse según el mandato de una clase social o una doctrina. Procura así una dirección participante, un sendero dinamizador, una convivencia inventiva. La comunicación/comunión del trabajo individual y grupal permite el acceso a lo que uno ya sabe pero no conoce, activando energías fundamentales en esta nueva etapa de la humanidad. Entonces, sólo entonces, comienza a emanar una significación trascendente, irreversible.

Es preciso incentivar la imaginación, que es el umbral del conocimiento intuitivo: "el asunto de no batallar más" contra los espectros de un mundo agónico. Ya se lo llame abrirse o despertar o desbordarse, se trata de zafar del sinfín de servidumbres que nos asfixian.

La UNESCO ha advertido que se pueden hacer los planes más fantásticos, los más maravillosos análisis sobre el papel, se puede tener un mecanismo administrativo muy perfeccionado, pero de hecho la educación es una relación humana, un contacto entre personas en el que una de ellas, llamada educador, desempeña un papel de promotor, indispensable, esencial, central. Cuando se habla de "educación permanente", también resulta preciso plantear el problema de quiénes serán los "educadores". Maheu decía: "Creo que lo que se aprende mejor es lo que se aprende por sí solo, lo que mejor se asimila es lo que se adquiere por sí mismo. La educación permanente fomenta la capacidad de educarse a sí mismo. Claro que en ella existe el educador, pero es un animador, un estimulador, que facilita el proceso interno del sujeto".

Quienes estamos entregados al significado generativo de la planetización humana (completamente diferenciado de la globalización financiera y de la mundialización política), también llamada hominización por pensadores tan dispares como Pierre Teilhard de Chardin o Edgar Morin, y dedicados también a la siembra de fusiones fraternas, debemos abstenernos de ser "ecos" de lo que agoniza. Ser cabalmente holista no es otra cosa que ponerse al servicio de la Creación, con todos sus ocasos y renacimientos. En el día a día de una hermandad sin miedo, y plena de visión.


01 agosto 2007

EDUCACION LIBERTARIA / Peter Marshall


Los niños nacen libres y llegan al mundo trayendo nubes de gloria. Ellos tienen conocimiento innato de las cosas esenciales de la vida, como comer, dormir, aprender, jugar y reír. Ellos exudan exuberancia natural y vitalidad. Sus cuerpos y mentes son flexibles. Su imaginación es rica y creativa. Ellos ven las cosas claramente.

Desafortunadamente, a una edad temprana en nuestra sociedad las sombras de la prisión caen sobre ellos. Esta es llamada escuela o colegio. Ellos comienzan a perder su alegría y su visión. Ellos llegan a ser pupilos o alumnos.

No hay tal cosa como un "burro". Todos los niños son brillantes. Todos resplandecen. Si ellos parecen torpes es porque ellos son estacas redondas en un hoyo cuadrado. Es simplemente que sus habilidades reales no han sido descubiertas o despertadas. A los estudiantes con las así llamadas dificultades de aprendizaje se les está invariablemente enseñando la cosa equivocada del modo equivocado en el tiempo equivocado. Los niños zurdos forzados a escribir con su mano derecha comienzan a tartamudear y a equivocarse; cuando se les permite escoger su propia mano, ellos crecen con confianza y seguridad en sí mismos.

Ninguno deliberadamente se enferma. El vicio es una forma de ignorancia y una falta de habilidad. Las buenas naturalezas originales de la gente viciosa, como las de los así llamados caballos viciosos, han sido depravadas. Si ellos crecen bajo la luz y el aire, con amor y afecto, ellos crecen derechos, fuertes y con seguridad en sí mismos. Si es que son triturados, distorsionados y sus impulsos reprimidos, ellos crecen malintencionados y flacos.

Un matón es un ignorante y le falta habilidad y debe ser ayudado.
Las personas viciosas hacen el mal, porque no saben nada mejor. Ellas han sido criadas y enseñadas de un modo equivocado. Ellas pierden su habilidad instintiva de tratar con sus sentimientos. Una buena persona es iluminada y habilidosa. Los niños son naturalmente así, hasta que son retorcidos por su crianza y escolarización. Ellos ya conocen lo que necesitan saber para realizar sus naturalezas. Los padres, profesores y vecinos pueden ayudar o entorpecer el proceso, pueden romper o liberar su espíritu, forzarlos a entrar en un molde o dejarlos ser.

Los niños aprenden no tanto de lo que se les dice sino que de lo que ellos ven alrededor. Actualmente, ellos ven una sociedad basada grandemente en la hipocresía. A ellos se les habla acerca de la verdad, la generosidad y el amor, y a todo su alrededor ellos observan mentiras, egoísmo y violencia. A ellos se les enseña que deben ser correctos y el mal está en todas partes ('¡yo te pegaré si no haces lo que te digo, pequeño demonio!'). No es maravilla que ellos aprendan rápidamente a disimular sus verdaderos sentimientos y a aparecer lo que no son. Ellos desconfían de lo que dicen los mayores por que sus acciones contradicen sus palabras. Al no confiarse en ellos, ellos llegan a ser no dignos de confianza y terminan sin confiar en ninguno. Ellos crecen desconcertados y son escolarizados para entrar a un mundo absurdo.

Las escuelas tienen gran prestigio y reciben muchos recursos del Estado porque es uno de los modos principales de preservar y fortalecer el orden existente y transmitirlo de una generación a otra. Hoy en día, la escolarización está principalmente ocupada en entrenar a la fuerza a la gente joven para una "fuerza de trabajo" que desaparece rápidamente. Su propósito fundamental es hacer a las personas dóciles, regimentadas, competitivas y sujetos no cuestionadores del capital y el Estado. Mientras más ésta falla, más fondos son invertidos en ella. Es profundamente divisiva y aœn así recibe apoyo universal. Enfrentados con tales contradicciones y fracasos, parecería que la respuesta correcta no es más escolarización formal sino menos.

La palabra original en Latín para escuela –skhole– significa ocio en búsqueda de conocimiento. Nada puede estar más lejos del colegio moderno, el que es una institución total en la cual los niños gastan la mayor parte del tiempo que pasan despiertos sobrellevando un sistema compulsivo de educación. Este es a menudo poco más que un proceso de socialización y adoctrinamiento en las virtudes del trabajo y en las glorias del status quo. Al distorsionarse su desarrollo natural emocional, intelectual y físico, muchos alumnos llegan a volverse hostiles a la idea misma de educación, ciertamente como proceso continuo a lo largo de la vida. Y aunque hayan odiado el colegio, muchos adultos terminan imponiendo el doloroso proceso a sus hijos, como si fuera algún rito necesario de pasaje al sufrimiento adulto: 'Fue suficientemente bueno para mí', ellos dicen, 'así que debe ser suficientemente bueno para ti'.

Es un extendido engaño pensar que la educación puede sólo ser lograda a través de instituciones como la escuela y la universidad. Hemos sido escolarizados para pensar que ellas son esenciales, aunque muchas personas aprenden más fuera de las instituciones educacionales que dentro de ellas. Yo también sufrí el engaño por un momento. Habiendo dejado el colegio cuando era joven para ir al mar, llegué a convencerme que había alguna especial verdad e iluminación a ser descubierta en la universidad. Yo regresé como un alumno mayor. Después de tres grados y diez años, finalmente llegué a ser claro para mí que yo probablemente habría sido más creativo si es que hubiera continuado mis propios estudios fuera de la institución.

Las universidades modernas difícilmente viven según su nombre original. La palabra viene de la palabra original en Latín para designar el universo, y del Latín medieval --universitas– que designa un grupo de eruditos. Aunque el trabajo de erudición continúa y muchos conferenciantes son dedicados eruditos, muchos estudiantes parecen interesados principalmente en obtener un título para poder obtener así más dinero, estatus y poder en la vida, antes que en buscar la verdad o en extender las fronteras del conocimiento. Sin embargo, la idea original de la universidad permanece una inspiración y el aprendizaje libre y genuino puede tener lugar ocasionalmente dentro de sus murallas a pesar de su burocracia y sus cercanos lazos con la industria y el gobierno.

Aunque asistir a la escuela es hoy una exigencia casi universal para la gente joven, ésta sólo a estado con nosotros por un corto tiempo. Un niño y un colegial o colegiala han llegado ahora a ser virtualmente sinónimos. Un niño que se encuentra en la calle o en el bosque durante las horas de escuela es considerado una persona enferma o una que hace la cimarra. Pero la idea de la niñez como distinta de la infancia, la adolescencia o la juventud es un desarrollo reciente, y la noción de niños quinceañeros incluso más. Artistas del siglo dieciocho pintaron a infantes como adultos en miniatura. Fue sólo con la sociedad industrial que la niñez fue inventada, creándose así un nuevo mercado. Los niños son ahora segregados del resto de la sociedad enviándolos al colegio.

Un colegio es a menudo definido como una institución o construcción en la cual la gente joven recibe una educación compulsiva o forzada. Las palabras operativas son "reciben" y "compulsiva". En el colegio se les da un programa pre-empaquetado para que lo digieran. No es algo que ellos hacen por sí mismos, o participan en hacer. Ya que es compulsiva, la cimarra es considerada un gran crimen y paradójicamente ofrece motivo para la expulsión. El Oficial de Beneficiencia Educacional en Inglaterra era formalmente llamado el Oficial de Asistencia al Colegio, cuyo trabajo era asegurar que todos los alumnos recibieran su ración de información, lo quisieran o no. Afortunadamente, los niños son altamente elásticos e imaginativos, especialmente al escapar del látigo de la autoridad.

No es sorprendente que el colegio comience y termine con un timbre o una campana. Cada lección tiene una cantidad designada de tiempo. No hay flexibilidad para relacionar la duración de una sesión de estudio con el ritmo de los niños o el profesor. La primera lección importante a ser aprendida es la tiranía del reloj que culmina eventualmente en la agobiante disciplina del trabajo.

En una escuela o colegio convencional se les enseña a los niños cómo tragar lo que el profesor dice, cómo adaptar sus pensamientos y sentimientos para ganar su aprobación, y cómo restringir su natural exuberancia. Si miran por la ventana a los árboles balanceándose con la brisa, ellos pierden la concentración y necesitan ser castigados. Ser soñador es un pecado especial. Eso significa que tœ no te fuerzas a ti mismo a escuchar el zumbido de un profesor sobre algo que carece por completo de sentido, está muerto y es sobre todo aburrido. Significa que tú tienes pensamientos, imágenes y deseos propios. Forzado a sentarse detrás de un pupitre, con los codos apoyados en ele y los ojos dirigidos hacia la pizarra, a la mente del alumno ideal se le ponen anteojeras, de tal modo que no vea nada con su visión periférica y llegue a hacerse imposible el pensamiento lateral.

Es el sueño de todo Ministro de Educación mirar a su reloj y saber lo que todos los niños que están en el sistema educacional están haciendo a esa hora. Ese es el propósito de imponer un currículum nacional y de tener el mismo horario en todos los colegios. Nada puede ser peor. Nada puede ser más regimentado. Esto marca el triunfo último del Estado centralizado y su control sobre las mentes y los cuerpos de sus ciudadanos. Esto demuestra perfectamente que la educación nacional apunta no tanto a las necesidades individuales de los niños, o incluso a las necesidades de la comunidad, sino que a las necesidades de los empleadores, el capital y el Estado.

Un colegio es en gran grado una institución penal. Los niños son inscritos, evaluados, examinados, enseñados, corregidos, detenidos, castigados y expulsados. Estos verbos comunes reflejan al colegio como una institución de coerción. No es sorprendente que su arquitectura y organización se parezca a los cuarteles, con el campo de juego como terreno para las paradas detrás de altas alambradas. Ellos son dirigidos como las prisiones, con el profesor jefe como gobernador, y como asilos para enfermos mentales, donde el equipo a cargo trata de hacer que los internos funcionen "normalmente" en una situación innatural. La jerarquía no sólo se aplica a los diferentes grados de profesores, sino que a la rígida distinción entre las edades, a la creación de delegados de curso y, en los internados, "capitanes de dormitorio".

Los profesores no pueden escapar al contagio general. No es suficiente para los profesores sólo enseñar sus materias. Se espera de ellos que sean custodios, que inculquen elaborados rituales, reglas y disciplina forzada; moralistas, adoctrinando sobre lo que es correcto o equivocado y enseñando la religión establecida; y crecientemente terapeutas, metiéndose en la vida emocional de sus alumnos para hacer que se ajusten al colegio y a la amplia sociedad existente.

Ya que muchos niños no desean sentarse quietos y en silencio en los colegios, los profesores gastan mucho de su tiempo tratando de mantener el orden. Si es que logran la atención de los alumnos, ellos entonces enseñan a menudo cuestiones irrelevantes, tales como los nombres y fechas de reyes y batallas antes que las luchas de la gente; a criticar un poema antes que a escribir uno; a diseccionar un sapo antes que a entender el tejido de la Naturaleza. No es sorprendente que muchos hagan la cimarra. No es sorprendente que al final de clases ellos griten 'terminó el colegio', tiren sus bolsones al aire, salten de sus asientos y corran hacia las puertas del colegio. Yo puedo recordar muy bien la maravillosa excitación de empacar mi maleta al final de las clases de mi deprimente internado.

Aunque hubo un intento en los años de 1960 de hacer a los colegios más favorables para las necesidades individuales de los niños, de relajar la opresiva disciplina y de animar la imaginación y la creatividad, en tiempos recientes ha habido desarrollos profundamente reaccionarios en la educación. Los colegios mismos se han convertido en un negocio, con el profesor jefe como gerente y los otros profesores como ejecutivos. Las habilidades administrativas han llegado a ser más importantes que las habilidades de enseñanza, llegando los libros de balance a ser más importantes que hacer florecer a los niños. El Estado ha decretado que sus liceos no sólo deben inculcar 'Las Tres Erres', sino que también la moralidad, religión, patriotismo y respeto por la autoridad convencionales.

Los colegios como "compañías limitadas" limitan ahora el horizonte de todos los que caen bajo su dominio. El fin supremo de la educación moderna es preparar a los jóvenes para trabajar en el sistema organizado actual. El nuevo énfasis es el desempeño económico y la disciplina de trabajo. Antes de dejar el colegio, los alumnos son obligados a ver un consejero de carreras, a menudo pagado por la industria local, para que se les diga qué pocas opciones les esperan en las fábricas o las oficinas. Ellos son obligados a tener experiencia de "trabajo" que usualmente significa entrenamiento en cómo llevar el tiempo y aceptar las tareas repetitivas más destructoras del alma sin protestar. Antes que desarrollar sus personas enteras, la educación escolariza ahora a los niños para llegar a ser engranajes en la gran máquina.

El sistema actual de educación reprime la personalidad y rompe el espíritu. El proceso no es distinto a "quebrar la resistencia" de un caballo para que no se resista al arnés. El propósito no es canalizar su exuberancia y energía naturales, entender su mente, sino que dominarlo completamente por una fuerza superior, de tal modo que su espíritu sea literalmente quebrado. El caballo eventualmente se entrega a la rienda y la montura, y cuando es huasqueado éste caminará, ensillado, con anteojeras, incapaz de escapar y de patear y salir corriendo. Si es que trata de hacerlo, termina en el patio del carnicero.

Del mismo modo, muchos niños son quebrados en su juventud y hechos hacer en su vida lo que se les dice, sin nunca cuestionar a la autoridad, nunca pateando con sus patas y echar a correr con ellas. Ellos llegan a ser domesticados, tristes, lentas e irrealizadas criaturas. Ellos llevan su pedazo a su boca y mantienen sus cabezas bajas. Ellos olvidan la libertad y los sueños de su temprana niñez, el gozo y la visión que tenían cuando su imaginación vagaba libremente por las calles, los parques, los campos, los bosques y el cielo.

En el presente, el sistema educacional está principalmente dirigido hacia la producción y el consumo, tomando diferentes formas de acuerdo a la región, cultura y clase. En el norte de Gales donde yo vivo, las escuelas Estatales son vistas como el medio principal para mantener el lenguaje Galés vivo y de prevenir que los jóvenes dejen el área. Los colegios privados son usualmente para los hijos de ricos inmigrantes Ingleses que desean que ellos sigan sus pasos y le digan a otros lo que tienen que hacer. En los antiguos valles mineros del sur de Gales, los colegios están orientados hacia obtener empleos en un área de alto desempleo y bajas expectativas. En todos los casos, la educación pretende hacer de ellos buenos productores y consumidores.

Esta también entrena a los niños en el conformismo. La experiencia no nutre a espíritus libres y mentes indagadoras sino a trabajadores y súbditos dóciles y manejables. Aún se espera de ellos que den el paso a alguien que viste un traje más caro, y, si es que se lo ordenan sus "superiores", que se sacrifiquen por su religión o su gobierno. Su deber no es preguntar por qué, sino que hacerlo y morir. No es sorprendente que cuando dejan el colegio, muchas personas jóvenes encuentran difícil actuar y pensar por sí mismas. La escuela esclaviza más profundamente que el currículum oculto de algunas familias, de la medicina moderna o los medios de comunicación, ya que está implicada en la bien orquestada manipulación del mundo a través de sus exigencias, lenguaje y visión. No podemos escapar de sus manos; está en todas partes.

El sistema de competición y de exámenes anima tempranamente a los alumnos a ver a sus semejantes como oponentes antes que como compañeros. En su cancha de juegos o en la sala de clase, los alumnos no están tratando de ayudar a sus semejantes a hacer realidad lo mejor de ellos, como era en las Olimpiadas originales, sino que de derrotarlos a toda costa. Hacerlo bien es estar entre los 'top ten'. Sobresalir es llegar a ser el primero. Por definición, la escuela produce generaciones de perdedores. La experiencia de pasar por ella sólo promueve una sensación de miedo y fracaso. Para algunos, toma años recuperar una sensación de autovalía y el coraje para hacer exigencias por sí mismos. Gran cantidad de tiempo, energía y dinero es gastada con el fin de que los adultos puedan al fin decirse a sí mismos: 'Yo estoy Okey. Nosotros estamos Okey'. La escuela les enseña algo distinto. La terapia puede ayudar, pero ésta puede también animar la antigua pauta de dependencia que es transferida del profesor al terapeuta.

Muchos colegios privados son incluso peores que los liceos Estatales. Son caras herramientas para que la elite transfiera su poder y privilegio de generación en generación. A sus descendientes se les enseñan los mismos reventados errores y prejuicios reaccionarios que ellos heredaron. Organizados de un modo militar, ellos toman a los niños a una temprana edad de sus hogares y familias y los hacen adaptarse a una institución total en la cual cada momento de sus vidas es inspeccionado. Estos son usualmente de un solo sexo, lo que significa que los estudiantes pierden la facilidad y familiaridad que el crecer junto con el sexo opuesto brinda. Ellos son forzados a reprimir sus sentimientos naturales de compasión, y muchos llegan a ser fríos, calculadores, crueles, competitivos e individuos autocentrados.

Más tarde en la vida ellos encuentran difícil expresar sus emociones pero muy fácil ser despiadados y malévolamente astutos. El sistema era ideal para forjar a los mandamaces del Imperio Británico que nunca cuestionaban las órdenes ni sentían desasosiego al masacrar a nativos rebeldes. Sin su carácter despiadado y marcial, miles no habrían sido capaces de subyugar a millones en las colonias. Los tiempos han cambiado, el Imperio se ha ido, pero el sistema de educación y sus valores sobrevive.

Ser bien educado significa en ciertos círculos haber asistido a cierto colegio, tener cierto acento y tener ciertas maneras. Esto significa haber sido informado de ciertos arcanos rituales y oscuras tradiciones. Esto significa haber tragado lo que te ha sido enseñado y comportarte bien en exámenes para los cuales tú has sido empollado. Esto no significa tener un original giro de mente, un espíritu independiente y una imaginación creativa.

Afortunadamente, no a todo el mundo en los colegios Estatales y privados se les lava el cerebro. Algunos profesores se empinan sobre la regimentación y la comercialización del sistema y logran inspirar un genuino amor por aprender. A pesar del sistema, ellos son capaces de promover mentes inquisitivas, imaginaciones vivas y corazones abiertos. Hay también algunas escuelas en aldeas y vecindarios que logran ligar a los hogares y comunidades y proporcionar una atmósfera solícita e inventiva. Y en toda generación surgen personas jóvenes que pueden cuestionar a la autoridad, pensar por sí mismas e imaginar un futuro diferente. Ellas desmitifican lo que les ha sido enseñado y rehúsan ser dóciles súbditos y esclavos tristes.


No todos los colegios son malos. Ser forzado a trabajar a una muy temprana edad puede ser peor. Como una vez dijo el hijo de un campesino Italiano: "El colegio es mejor que la mierda de vaca". En realidad, muchos países del mundo pueden sólo dar el mínimo más esencial de educación. La mayoría de los niños en los así llamados "países en desarrollo" están fuera del colegio y aquellos que están en el colegio dejan de asistir tan pronto como sea posible.

La educación puede ser usada para lavar el cerebro y manipular, o puede ser un medio de iluminación y liberación. Una persona analfabeta hoy en día puede ser confundida y fácilmente engañada en una sociedad que pone tanto énfasis en la palabra escrita. Ser analfabeto en el mundo moderno es vivir en una cultura de silencio. Aprender a leer y escribir puede ser una liberación, ya que te capacita para entender al mundo en el que vives y oponerte a las fuerzas que te oprimen. Es significativo que el primer Domingo del mes los colegios Británicos enseñaban a los hijos de los pobres a leer la Biblia pero no a escribir. Sus profesores estaban preocupados de que los niños a su cargo pudieran terminar escribiendo tratados sobre los derechos de los hombres y mujeres y sobre las iniquidades de la Iglesia, el Estado y el Capital. Ellos sabían que el lenguaje interpreta a la realidad.
Escribir la palabra "jefe" o "gobierno" es el primer paso para entenderlos y comprender que tú no los necesitas. Tú dejas de estar aprisionado en una Bastilla de palabras que tú no entiendes. Ser capaz de usar el lenguaje te hace libre. Escribir y leer una palabra verdadera es cambiar el mundo.

En los países altamente industrializados, la imagen está llegando a ser tan importante como la palabra escrita. Luego de quinientos años de imprenta estamos moviéndonos desde una cultura literaria a una visual con el desarrollo de las computadoras y la televisión. Pero esto no significa que debemos abandonar la palabra escrita ya que ésta continúa siendo el principal medio de comunicación. Con mayor razón debemos hacer de los medios de comunicación y la nueva tecnología de la información instrumentos de cambio antes que herramientas de control, mantener a la Internet libre para todos sus usuarios antes que hacerla el vehículo de control para gobiernos y corporaciones.

Es difícil sobrestimar el valor del verdadero aprendizaje. Este permite a los individuos dar forma a sus propias vidas y hacer realidad su pleno potencial. Evita que ellos lleguen a ser presas de charlatanes, líderes, jefes, expertos, y de todos aquellos que tienen la arrogancia de decir que ellos tienen toda la verdad. Les permite pensar y actuar por sí mismos. Los libera de una cultura de oscuridad y silencio. Hace a las personas libres. Aprender capacita a las personas para entender su situación y por lo tanto cambiarla, para ser participantes activos en la hechura de la historia antes que atónitas víctimas o espectadores. Les ayuda a tratar creativamente con la realidad. Es algo positivo y arriesgado, creativo y espontáneo. Es algo con final abierto y no termina nunca. Es un proceso continuo durante toda nuestra vida, a no ser que deseemos vivir según prejuicios heredados e ideas fijas y nos neguemos a cuestionar el cómo hemos sido enseñados a juzgar, imaginar y sentir. Una persona sabia piensa contra sí misma.
Si el aprendizaje no es compulsivo y no hay exámenes, las clases pueden llegar a ser una experiencia enriquecedora, que ayude a las personas a comprenderse a sí mismas, a su sociedad y al mundo como un todo. Durante muchos años yo fui un profesor particular de un pequeño grupo de adultos que asistían libremente para estudiar filosofía. Nosotros formamos eventualmente un grupo de afinidad, una asociación voluntaria de individuos investigadores y simpáticos.

Las reuniones eran organizadas alrededor de la discusión de un tema elegido; la intención era obtener sabiduría, no paquetes de información. Aunque yo muchas veces tenía más que decir que la mayoría, las reuniones tenían la forma de exploraciones mutuas. Yo aprendí tanto como todos los demás. Después de nuestras deliberaciones, íbamos a menudo a un pub cerca de la universidad donde trabajaban los hombres y mujeres del grupo. Este era un lugar cálido y amigable donde la gente podía dialogar sobre sus vidas en una atmósfera convivencial y sin restricciones fuera de la rutina diaria del trabajo y el hogar.

El punto clave de estos grupos de aprendizaje para mi era que ellos eran voluntarios, sin exámenes o trabajos escritos obligatorios. Uno sólo iba por el placer y la iluminación que ahí podía encontrar, por la búsqueda de conocimiento en buena compañía por su propia razón de ser. En mi opinión toda educación debiera ser como ésta, un proceso voluntario en el cual las personas se reconocen por un interés común y siguen sus estudios a su propio paso. Es verdaderamente lo opuesto de la educación prevaleciente en la actualidad, incluyendo la educación para adultos, la que está orientada hacia la competición, los exámenes, las notas, el control y la estandarización.

No todo está perdido. No sólo pueden algunos profesores y alumnos elevarse sobre la decadencia general, sino que es posible desescolarizarse a sí mismos y a la sociedad. Hay una necesidad urgente de separar a la escuela del Estado y al aprendizaje del control. La escuela es una institución basada en la máxima que dice que el aprendizaje es el resultado exclusivo de la enseñanza, aunque hay abrumadora evidencia de lo contrario. Es una experiencia liberadora darse cuenta que mucho aprendizaje no requiere enseñanza y que podemos aprender más fuera de las murallas de la escuela y la universidad que dentro.

Un buen sistema educativo sirve para varios propósitos. Primero, da acceso a los recursos disponibles a todos aquellos que deseen aprender en cualquier etapa de sus vidas. Segundo, permite a todo s aquellos que desean compartir su conocimiento y habilidades encontrar a aquellos que desean aprender de ellos. Tercero, está basado en la investigación libre, la libertad de expresión y la libertad de reunirse. Sobre todo, permanece como una cosa voluntaria, de tal modo que aquellos que aprenden lo hagan por deseo propio y voluntad libre. Sólo de esta manera será el aprendizaje de memoria transformado en genuino aprendizaje para uno mismo y la propia comunidad. Un buen sistema educativo es por lo tanto algo abierto, continuo, democrático, voluntario y libertario.

Educar de otra manera que como se hace en el sistema existente es algo difícil. Educar a los niños en casa supone que uno sabe lo mejor para ellos y les niega la importante compañía de otros niños. Hay pocos colegios alternativos, y muchos de ellos son inflexibles y siguen un método o enfoque fijo. El ideal es crear un colegio libre con familias de mentalidad similar dentro de la comunidad. No siendo posible eso, uno puede buscar el colegio menos pernicioso del vecindario y tratar de hacer que sea más favorable para las necesidades individuales de los niños y que rinda cuentas responsablemente a los padres y a las comunidad. Siempre es posible contrarrestar el adoctrinamiento de la escuela con la propia inspiración y experiencia. La influencia del trasfondo familiar es aún más influyente que el de la escuela. A pesar del intento de hacer a los colegios más abiertos a todo tipo de niños e igualitarios, los alumnos que se desempeñan bien tienden a ser hijos de padres que previamente se desempeñaron bien en el sistema ya que hablan el mismo lenguaje y comparten los mismos conceptos y creencias.

La educación libertaria debe ocuparse del desarrollo completo de los jóvenes, de tal modo que ellos puedan entender quiénes son, el tipo de sociedad en la cual están creciendo y la naturaleza del mundo que los rodea. No habría una rígida distinción entre las materias, de tal modo que la ciencia llegaría a ser arte y el arte llegaría a ser ciencia, y la poesía de las matemáticas sería apreciada tanto como la alquimia del amor. Se dedicaría no a inculcar una información particular sino que a desarrollar la mente, el cuerpo y el espíritu como un todo armonioso.

Los dos principios fundamentales de la educación libertaria son la libertad y la flexibilidad. Esta está basada en el principio de lo voluntario. Los individuos sólo aprenden a través del deseo, y estudian mejor si es que desean hacerlo. No hay compulsión o coerción. Se permite el máximo grado de autonomía en el aprendizaje de tal modo que los que aprenden puedan crecer en libertad y responsabilidad y tener confianza en su propio juicio individual. La libertad es central porque no es la meta sino una condición necesaria de la emancipación. Los jóvenes deben estar libres de la tiranía de los profesores y padres, y libres para expresarse a sí mismos y ser plenamente ellos mismos. Sólo a través del autodominio y la participación llegará una persona joven a ser un miembro responsable de la comunidad cuando sea adulto. Al experimentarse a sí mismos como sujetos creativos antes que objetos pasivos, llegan a ser capaces de entender su situación y cambiarla si lo desean así. La gente no puede ser educada para ser libre, porque la libertad es la condición del verdadero aprendizaje.

Antes que imponer un currículum a una edad particular, el profesor debe estar atento a las diferencias particulares, a las necesidades, deseos e intereses de los niños individuales. Un enfoque libertario es orientado hacia el niño, no orientado hacia las demandas del trabajo, la producción y el consumo o los requerimientos del Estado.

Claramente los niños no son sólo hojas en blanco, nobles salvajes o genios reprimidos. Ellos son formados por su más amplia sociedad, cultura y educación. Pero en general parecería que en todas partes del mundo los niños aprenden mejor cuando desean hacerlo y cuando se les permite hacerlo a su propio paso. Si ellos son libres para desarrollar su propio ritmo y estilo, ellos aprenden a menudo más rápidamente y son más capaces de captar ideas difíciles. La cosa más importante es excitar su interés. Todo lo demás sigue después. Ellos comienzan entonces a aprender y descubrir por sí mismos. Cualquiera sea su cultura, ellos tienen sus propia manera de entender y de examinar las cosas. Este es invariablemente un estilo de pensar fresco, original e inventivo comparado con el de los adultos que los rodean.


Capítulo extractado y traducido del libro de Peter Marshall "Riding the Wind: A New Philosophy for a New Era" (Cabalgando sobre el Viento: Una Nueva Filosofía para una Nueva Era) por Pedro di Girólamo. (Continuum, 2000). El libro puede encargarse a Greenspirit Books (www.greenspirit.org.uk/books).

Este texto forma parte de ECOVISION Nº 9